Real Academia Española

   

El Quijote de Avellaneda, 1614-2014

El Quijote de Avellaneda, 1614-2014

Portada del Anejo de la BCRAE «El Quijote de Avellaneda» , 2014

A mediados de 1614 y con la intención transparente de darle en la cabeza a Cervantes, salió a la arena el Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras, ese libro que hoy conocemos como el Quijote de Avellaneda. Y es que su autor tuvo a bien –y para mal– embozarse tras el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda para gozo, congoja y desesperación de los muchos que han malgastado sus horas y su mollera en discernir quién fue el tal, cuando, en realidad, tenemos ya el libro mismo que dejó escrito con su no poco de inteligencia y su mucho de mala baba.

A ese Avellaneda muy leído, pelota de los nobles, valedor de la Iglesia y devoto del rosario, el Quijote de 1605 tuvo que sentarle como un tiro. Y no solo porque Cervantes le hubiera espetado alguna de sus puyas a él y a su adorado Lope de Vega, sino porque el manco, a la chita callando, había dado al traste con ese orden del mundo que el postizo licenciado sostenía. Avellaneda saltó a la palestra para devolver el golpe y poner las cosas en su sitio. Pero no se piense que el libro con que lo hizo es un muermo tieso e ilegible: en absoluto, este otro Quijote contrahecho se lee con gusto y todavía guarda un buen saco de risas para los lectores del siglo XXI. Está, además, todo lo mucho que debe a su enemigo y todo lo que influyó en la segunda parte, que acaso Cervantes no hubiera terminado nunca de no ser por el atraco a pluma armada y el golpe bajo de 1614.

Ahora que se cumplen 400 años de su publicación, es un momento razonable para hincarle el diente a la Quijote apócrifo. Nada mejor que hacerlo en la edición que presenta la Real Academia Española, con un texto mejorado, que pone en pie la singular historia de la impresión del libro y que recorre los entresijos y los misterios que rodean a este importantísimo segundón de las letras hispánicas.
 

«Alonso Fernández de Avellaneda», Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, edición, estudio y notas de Luis Gómez Canseco. Madrid: Real Academia Española –Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, 2014

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