Diccionario esencial de la Real Academia Española No es ajena a la tradición académica la idea de publicar ediciones compendiadas de sus obras. Dos resúmenes de la Gramática de la corporación, el Compendio y el Epítome, tuvieron, durante muchos años, carácter oficial en los primeros grados de la enseñanza. El Diccionario manual e ilustrado de la lengua española, que, como afirmaba su Advertencia preliminar, era «un resumen y a la vez un suplemento de la décima quinta edición del Diccionario de la lengua española» (1925), tuvo cuatro ediciones, en 1927, 1950, 1983-85 y 1989. Todas hallaron una excelente acogida, tal vez debida al carácter de repertorio del español vivo que este diccionario presentaba. Con él, con su planteamiento y espíritu, enlaza el Diccionario esencial de la lengua española.
Se trata de un compendio del DRAE –en este caso de su 22.ª edición, aparecida en 2001–, del que se reconoce deudor. Al mismo tiempo, como ya sucedía con el Diccionario manual, incluye un amplio adelanto de los contenidos que registrará la edición siguiente del Diccionario por excelencia de la Academia.
El Diccionario esencial recoge el léxico común y culto actual del DRAE, y prescinde por completo del vocabulario cronológicamente desfasado. Suprime las acepciones del Diccionario mayor que corresponden al léxico medieval (señaladas con la marca «ant.»), al posterior a 1500 y anterior a 1900 («desus.») o al que desaparece durante las primeras décadas del siglo XX («p. us.»). Prescinde, además, de las muchas acepciones que, marcadas o no en el Diccionario clásico de la Academia, no tienen uso probado en nuestros días.
De acuerdo con tal criterio de selección, este Diccionario esencial es el repertorio académico que más se aproxima a una obra dedicada en exclusiva al léxico hispánico general de nuestros días.
La selección a la que ha sido sometido el vocabulario correspondiente a las distintas facetas de la variación lingüística necesita explicaciones concretas.
– El léxico dialectal
Para aumentar el protagonismo que el léxico general de nuestros días tiene en el diccionario, se ha reducido de manera significativa el número de acepciones con marcas geográficas españolas, americanas y de Filipinas. En este caso, la selección ha buscado prescindir de las marcas particulares y dejar las que corresponden a áreas geográficas y lingüísticas amplias (América, América Meridional, América Central, Área del Caribe, Área del Río de la Plata, etc.), tanto si ya aparecían de este modo en el DRAE como si lo hacían referidas a un número representativo de los países que las componen.
De lo anterior se deduce con facilidad que la presencia en una acepción dada de alguna de las marcas utilizadas en el diccionario significa que el uso se da en la zona geográfica o área lingüística señalada, no forzosamente en todos los países que la componen.
– Coloquialismos y vulgarismos
Se han seleccionado los más de 4400 casos en que el uso coloquial o vulgar es común a España y América. Quedan fuera, pues, cuantos coloquialismos y vulgarismos deberían llevar, además de la marca que los identificaría como tales, localizaciones geográficas de España o de alguna zona de América. No ha de sorprender, por tanto, que construcciones coloquiales tan frecuentes en España, pero desconocidas en América, como estar en las Batuecas (estar distraído) o pegar la hebra (trabar conversación), no figuren en el diccionario. Lo mismo sucede con falluto (hipócrita), banderillazo (sablazo) o chela (cerveza), coloquialismos propios de distintas áreas del español de América, pero no utilizados en el español de España.
– El léxico técnico
La selección de las acepciones correspondientes a esta parcela léxica se ha basado en criterios de actualidad refrendados por expertos en las diversas materias. De las que carecen de actualidad solo se han mantenido aquellas que corresponden al léxico histórico (términos como ballestero, geocentrismo o Santa Hermandad, presentes en el uso de nuestros días pese a la falta de vigencia o a la desaparición de sus referentes), que el diccionario recoge debidamente marcadas.
El carácter selectivo del Diccionario esencial justifica que no tengan entrada propia ciertas palabras de significado fácilmente deducible a partir de sus elementos constitutivos. Este es el caso, en particular, de las formadas a partir de a-, anti-, auto-, -ble o -mente, elementos cuya presencia en los términos a que dan lugar es predecible.
También han desaparecido de este diccionario los derivados mecánicos de nombres propios (azoriniano, galdosiano, horaciano...) recogidos por el DRAE, salvo cuando la existencia de alguna acepción con significado distinto del meramente relacional (freudiano o kafkiano son ejemplos claros) justifica su presencia.
Se registran los gentilicios que corresponden a los países reconocidos por los organismos internacionales y a sus capitales, así como los referidos a las demarcaciones administrativas principales (estados, departamentos, provincias...) de los distintos países hispánicos y a sus capitales. Para el resto de los gentilicios, se ha aplicado el criterio general y, en consecuencia, solo se han mantenido aquellos que están suficientemente respaldados por documentación escrita.
Adelantándose a lo que hará el DRAE en su próxima edición, el Diccionario esencial no incluye los extranjerismos registrados en letra cursiva dentro de su nomenclatura general, intercalándolos en la serie de los artículos cuyo lema aparece en letra redonda. Los sitúa, por el contrario, en una ubicación especial, el Apéndice 2, con entradas de dos tipos:
– Los extranjerismos que no tienen sustituto previsto (ballet, pizza...), o aquellos cuyo equivalente o adaptación propuestos en el Diccionario panhispánico de dudas aún no han arraigado en español (el mencionado buldócer, o rali, para referirse al anglicismo rally), aparecen en su forma original y definidos como cualquier entrada del cuerpo general del diccionario.
– Los extranjerismos sustituibles en español por equivalentes o adaptaciones ya fijadas y suficientemente documentadas en español, como living o paddle, aparecen seguidos por una remisión a tales sustitutos (cuarto de estar y pádel, respectivamente, en los casos mencionados), que se sitúan tras el lema, separados de este por una flecha (®).
El Apéndice 3 registra, por orden alfabético, los principales formantes (anti-, hipo-, -ismo, etc.) que, combinados entre sí o con otros elementos léxicos, han dado lugar a palabras nuevas o, en la mayor parte de los casos, son capaces de intervenir en la formación de más neologismos. Este repertorio complementario justifica, además, la falta de registro propio de algunos derivados a la que antes se hacía referencia.
El Diccionario esencial emplea las definiciones del DRAE, y se rige por los mismos criterios que este a la hora de construir sus enunciados definidores: alternancia de definiciones propias e impropias, uso de las remisiones en las definiciones sinonímicas, etc.
No obstante, la fuerte restricción a la que ha sido sometida la nomenclatura del diccionario ha dado lugar a una obligada simplificación de muchas definiciones, en las que no es justificable utilizar palabras ausentes del repertorio que las contiene, si exceptuamos los mencionados derivados de significación deducible. Se comprobará también que muchas series de palabras tienen textos definitorios nuevos con respecto a la última edición del DRAE. Junto a algunas regularizaciones (en modelos de definición, en notas de uso, etc.) y cambios de orden hechos a propósito para el Diccionario esencial, así como otras enmiendas que tienen su origen en los enunciados del Diccionario del estudiante, publicado recientemente por la Academia, las novedades proceden, en su mayor parte, de la completa revisión interna a la que, por primera vez en su centenaria historia, está siendo sometido el Diccionario mayor.
Todas estas modificaciones aportan a la redacción de los artículos del Diccionario esencial un carácter renovado acorde con su condición, antes mencionada, de repertorio del español contemporáneo.
Otro adelanto sobre la futura edición del Diccionario académico es el aumento notable de los ejemplos que acompañan a las definiciones. El Diccionario esencial presenta, junto a centenares de ejemplos enmendados, más de 12 000 ejemplos nuevos, que afectan sobre todo a aquellos artículos en que el establecimiento de límites semánticos entre acepciones consecutivas así lo aconseja. En particular, se ha generalizado la presencia de textos ejemplificadores en adjetivos y verbos transitivos con varias acepciones cuando la ausencia de contorno lexicográfico expreso, o la vaguedad de este, requería el uso de estos elementos auxiliares.
El paréntesis etimológico característico del DRAE solo aparece aquí en algunos casos concretos:
– En las marcas registradas, como lo exigen las disposiciones legales vigentes. Por ejemplo, plastilina, sintasol.
– En los latinismos usados en español. Por ejemplo, deus ex máchina, ex aequo.
– En las siglas. Por ejemplo, FM, GPS.
– En los extranjerismos del Apéndice 2.Pese a la ausencia de otras etimologías, el Diccionario esencial mantiene las entradas independientes, con superíndices que las distinguen, para palabras de distinto origen.
Siguiendo la pauta fijada por la última edición del DRAE, se han incluido, de manera sistemática, notas sobre ortografía (uso de mayúsculas y tildes, especialmente) y sobre conjugación verbal, que remiten a los modelos presentes en el Apéndice 1.
A estas informaciones se les añaden ahora las notas de información morfológica correspondientes a los plurales de nombres y adjetivos. Siguen, en sus normas generales, la doctrina expuesta por el Diccionario panhispánico de dudas, y afectan a las formaciones irregulares y a todos aquellos casos en que pueda producirse vacilación en el uso.
La obra se completa con cuatro apéndices, a los tres primeros de los cuales ya nos hemos referido:
- Modelos de conjugación española.
- Voces extranjeras empleadas en español.
- Elementos compositivos, prefijos y sufijos del español.
- Ortografía.
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