Gaspar Núñez de Arce

Gaspar Núñez de Arce

letra T

Toma de Posesión

21 de Mayo de 1876

Fallecimiento

9 de Junio de 1903

Cargo

Censor

Gaspar Núñez de Arce

Académico de número

Valladolid, 1832-Madrid, 1903

El 21 de mayo de 1876 tomaba posesión de su plaza de académico el poeta y político Gaspar Núñez de Arce con el discurso Causas de la precipitada decadencia y total ruina de la literatura nacional bajo los últimos reinados de la Casa de Austria, en el que trató sobre «el pernicioso influjo que ha ejercido en nuestro desarrollo literario, conteniéndole ó viciándole, la falta de libertad política y de libertad religiosa» (p. 41).

El escritor Juan Valera fue el encargado de darle una luminosa bienvenida a la RAE: «El Sr. Nuñez de Arce brilla y descuella entre los más notables poetas líricos españoles del siglo presente» (p. 48). Sin embargo, era conocida su antipatía hacia el recién llegado y hacia su poesía, que tuvo que acallar en su contestación al discurso de Arce, encargo de la Academia: «Era menester elogiar mucho a don Gaspar y dejar entrever, no obstante, que en todo lo que toca a sus dudas desesperadas y sus filosofías, hay algo de nebuloso y vago, como le acontece al que oye campanas y no sabe dónde» (“Carta a Antonio de Zayas”, Correspondencia de don Juan Valera (1859-1905), edición Cyrus D. Coster, 1956, p. 285).

Nacido en Valladolid el 4 de agosto de 1832, además de por sus versos, Núñez de Arce se caracterizó por su débil complexión física, una malformación del tórax «sobre la que se levantó», en palabras del académico Alonso Zamora, «una auténtica leyenda con la que se pretendía explicar su temperamento melancólico, apagado, enfermizo (parece que se debió a una caída por la escalera cuando aún era lactante)» (La Real Academia Española, 1999, p. 214).

De niño, Núñez de Arce se trasladó de Valladolid a Toledo con su familia, donde comenzó sus estudios; pero pronto marchó a Madrid en busca de trabajo, donde recaló hacia 1850. A su llegada, se codeó con distintos autores, como su admirado Quintana –académico y poeta liberal–, y comenzó a dirigir y a escribir artículos políticos y poemas en el semanario El Bachiller Honduras (1850) y en el diario liberal El Observador (1850-1853). Compaginó, a lo largo de toda su carrera, la poesía con la actividad periodística y política. Además de en los periódicos ya citados, Núñez de Arce publicó asiduamente en La Iberia (1855-1860), El Constitucional (1860-1863), La Política (1863-1870?), El Contribuyente (1866) y Los Debates (1877-1880), y sus artículos aparecieron también en La Ilustración Española y Americana, El Imparcial, El Liberal, El Globo y el Heraldo de Madrid, así como en los periódicos americanos el Diario de la Marina de La Habana y La Prensa de Buenos Aires. En La Iberia (1855-1860), al inicio de su carrera y recién llegado a Madrid, fue enviado como corresponsal y cronista a la inauguración del canal del Ebro (1857), a la visita de los reyes a Alicante y Valencia (1858) y a la Guerra de África (1859-1860).

Núñez de Arce se implicó también en la agitada vida política del siglo XIX –con sus respectivas prisiones, exilios e indultos–, y ocupó distintos cargos hasta el final de sus días. En 1860, a su regreso de la Guerra de África y en las filas de la Unión Liberal, desempeñó su primer cargo como auxiliar de la clase de mayores del Ministerio de la Gobernación. cinco años después, en 1865, fue elegido diputado por Valladolid y gobernador de Logroño, pero fue desterrado a Cáceres por apoyar la protesta contra el ministerio del general Narváez. Regresó un año después, en 1866, y fue nombrado secretario de la Junta Revolucionaria de Barcelona, germen de la Revolución de 1868 que puso fin al reinado de Isabel II y que le convirtió, tras el triunfo, en gobernador de Barcelona. En 1869 fue diputado por Valladolid y en 1871 fue elegido consejero de Estado. Con la llegada al trono del hijo de Isabel II, Alfonso XII (1874 y 1885), Núñez de Arce fue diputado por Castellón, en 1876, y ministro de Ultramar, en 1883. Durante el reinado de Alfonso XIII (1886-1931) fue nombrado senador vitalicio (1886), vicepresidente del Senado, presidente de la Sección de Ultramar del Consejo de Estado (1887-1890) y, hasta el final de su vida, ocupó el cargo gobernador del Banco Hipotecario (1897).

Aspirante al Premio Nobel y consagrado como poeta, «su figura llena la vida española literaria con sus rimas sonoras, especialmente pensadas para la declamación o el recitado» (La Real Academia Española, p. 215). Su producción en verso fue muy copiosa y escribió, entre otros poemarios, La última lamentación de Lord Byron (1878), La selva oscura (1879), El vértigo (1879), La visión de Fray Martín (1880) o los populares Gritos del combate (1875) y ¡Sursum corda! (1900). Además de poemas, escribió algunas piezas teatrales como El haz de leña (1872), comentada por el académico y bibliófilo Menéndez Pelayo.

Considerado por la crítica como un precursor del modernismo, en su poesía priman las rimas sonoras, concebidas para ser recitadas y que se alejan «de la poesía íntima y del deslumbramiento intelectual» (ob. cit. p. 215). A pesar de su popularidad, la poesía de Núñez de Arce recibió, entre otras, las críticas de su compañero Juan Valera: «En España estamos hoy en un periodo de transición, entre barbarie y cultura, y en tales períodos, el mal gusto se entroniza con facilidad, y cierta pedantería cursilona prevalece y se enseñorea de todo» (“Carta a José Alcalá Galiano (20 de marzo de 1887)”, Correspondencia de don Juan Valera (1859-1905), p. 140). El propio Juan Valera y su hijo le ayudaron, incluso, a redactar en francés el memorial de solicitud al Premio Nobel.

Además de a la RAE, Núñez de Arce perteneció a numerosas instituciones culturales españolas y extranjeras. Fue presidente de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (1882) y del Ateneo (1886), y miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla y Barcelona, de la Real Academia de Ciencias de Lisboa, de la Real Academia de Ciencias, Letras y Artes de Padua, de la Sociedad de Literatos de Francia, de la Sociedad de los Felibres de Provenza, de la Asociación de Escritores Portugueses, de la Asociación de Libre Pensamiento de Fráncfort y del Comité de Honor de la Asociación internacional literaria y artística.

El poeta de maltrecho tórax, Gaspar Núñez de Arce, murió en Madrid el 9 de junio de 1903, rodeado de todas las pompas y vanidades oficiales; fue llevado al Panteón de Hombres Ilustres de Madrid y en las Cortes se celebraron sesiones extraordinarias en su honor, «mucho ruido, armonizado en justa correspondencia con sus versos» (La Real Academia Española, p. 216).

Paradójicamente, cerrando un perfecto círculo, su Elogio académico le fue encargado al mismo que le había abierto las puertas de la RAE en 1876 y que tanto le había criticado, Juan Valera, que lo leyó el 15 de noviembre de 1903.

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