Javier de Quinto

Retrato de Francisco Javier de Quinto por Isidoro Lozano, entre 1800 y 1899. © Biblioteca Nacional de España

letra M

Toma de Posesión

13 de Enero de 1850

Fallecimiento

1 de Mayo de 1860

Javier de Quinto

Académico de número

Caspe (Zaragoza), 1810-Rueil-Malmaison (Francia), 1860

El 13 de enero de 1850 ocupaba el asiento M de la RAE el político e historiador Francisco Javier de Quinto y Cortés, conde de Quinto, con el discurso titulado Discurso sobre el genio y carácter de la lengua española en el siglo XIX y sobre los medios de conciliar sus antiguas condiciones y pureza con las necesidades de los tiempos modernos. La contestación corrió a cargo del noble y académico Bernardino Fernández de Velasco, duque de Frías.

Nacido en Caspe (Zaragoza) el 2 de mayo de 1810, Quinto era hijo del jurista y político afrancesado Agustín de Quinto y Guíu, quien tuvo que exiliarse en Francia con su familia tras el regreso de Fernando VII, en 1814. El político afrancesado y su familia volvieron del exilio, y Javier de Quinto estudió Leyes en la Universidad de Zaragoza. Tras la muerte de Fernando VII en 1833, la carrera política de Quinto como defensor del liberalismo moderado despegó; ocupó un escaño en el Congreso, del que fue vicepresidente, y fue elegido diputado por Zaragoza en sucesivas legislaturas (1837-1844). Fue también jefe de la Casa Real durante la regencia de María Cristina de Borbón —con la que mantuvo una estrecha amistad hasta el final de su vida—, y fue un ardiente defensor de la causa dinástica isabelina. Entabló también una gran amistad con el segundo marido de la reina regente, Agustín Fernando Muñoz, duque de Riánsares, que fue compañero y socio de Quinto en diversas empresas, algunas tachadas de «fraudulentas» (La Real Academia Española, p.172). Entre 1843 y 1847 Quinto dirigió la Administración General de Correos, y en 1847 abandonó definitivamente el Congreso y fue nombrado senador, cargo que volvió a ocupar en 1859.  En 1860, el mismo año de su muerte, fue nombrado ministro honorario del Consejo Supremo de Guerra y Marina, cargo que no llegó a ocupar debido a su repentino fallecimiento.

Destacado por su labor como mecenas y coleccionista —llegó a tener el óleo de Francisco de Goya El corral de locos de Zaragoza— Quinto desempeñó, en paralelo a su actividad política, una gran labor en el seno de varias instituciones culturales. Entre 1847 y 1850 dirigió el Real Museo de Pintura de Madrid, futuro Museo del Prado, y estuvo adscrito, entre otras, a la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País y a la Academia Aragonesa de Jurisprudencia, de la que llegó a ser profesor. Además de a la RAE, perteneció a la Real Academia de la Historia (1847) y a la de Bellas Artes de San Fernando. Sin embargo, sus largas estancias fuera de España y sus varias empresas, lo mantuvieron alejado de las tareas académicas.

El conde de Quinto fue autor de diversos trabajos y discursos sobre legislación; escribió, también, algunos discursos a favor de Isabel II, como Del derecho de suceder las hembras a la Corona de Aragón (1840). 

Instalado en Francia al final de su vida, Javier de Quinto y Cortés murió el 1 de mayo de 1860 en Rueil- Malmaison (Francia), en las cercanías de París. La RAE encargó al académico Eugenio de Ochoa, que vivía en París por aquel entonces, que diese el pésame a la viuda y que recuperase y trajese de vuelta a España la medalla académica de Quinto, que le había sido entregada diez años antes. Repuesta la medalla, la Academia estaba lista para llamar a filas al nuevo ocupante de la silla M, Francisco Cutanda.

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