Joaquín Álvarez Quintero

Joaquín Álvarez Quintero

letra E

Toma de Posesión

26 de Abril de 1925

Fallecimiento

14 de Junio de 1944

Cargo

Censor
Bibliotecario

Joaquín Álvarez Quintero

Académico de número

Utrera (Sevilla), 1873-Madrid, 1944

El 26 de abril de 1925 —cinco años después que su hermano Serafín— leía su discurso de ingreso en la Real Academia Española el pequeño de los hermanos Quintero, el dramaturgo sevillano Joaquín Álvarez Quintero, nacido el 21 de enero de 1873. En su discurso, Los mil y mil Tántalos de la gloria escénica, habló de la figura del dramaturgo y esbozó un recorrido por los grandes maestros de la literatura dramática. Le respondió, en nombre de la corporación, José Martínez Ruiz, Azorín.

Joaquín fue bibliotecario de la Academia desde 1941 hasta su muerte, en 1944.

La vida de Joaquín y Serafín transcurrió como la de dos líneas paralelas: la misma infancia, la misma educación en Sevilla, la misma trayectoria profesional y las mismas obras publicadas. Ambos aparecen en los documentos civiles y legales del otro; figuraban también ambos nombres en el membrete de las cartas que enviaban y hasta en el dintel de la casa de recreo que compartían en El Escorial. En palabras de Joaquín, «lo indudable es que nuestra colaboración, íntima, continua, nos ha fundido en un solo espíritu, por no decir en un solo ser» (Los mil y mil Tántalos de la gloria escénica, p. 6). Como uña y carne y en absoluta armonía —como si de la misma mano se tratara—firmaron ambos su teatro.

El marco de referencia de la obra de los hermanos Quintero es Andalucía; principalmente la ciudad de Sevilla. Además del absoluto dominio de la escena, sobresalía su teatro por la gracia, la ironía y el ingenio con que supieron caracterizar y estereotipar —mediante un forzado acento andaluz y un dialecto repleto de diminutivos, refranes, frases hechas, modismos, etc.— los personajes y las costumbres que tanto habían observado en su Sevilla natal. Se valieron, también, de una puesta en escena que transcurría, generalmente, en espacios típicamente andaluces, como puede observarse, entre otras, en su obra El patio.

Los hermanos Quintero quisieron construir un casticismo andaluz con su teatro, igual que había hecho el comediógrafo Carlos Arniches en Madrid; aspiraban a llevar la verdad a escena sin restricciones convencionales. Su teatro, junto al de Benavente y Arniches, fue durante más de veinte años el teatro preferido por la burguesía española.

Su repertorio es muy copioso y destacan, entre otros, títulos como El patio (1900), El genio alegre (1906), Las de Caín (1908) o Malvaloca (1912). La última obra escrita y estrenada bajo los dos nombres fue Los restos (1936).

A pesar de haber sido considerado y atacado por falta de hondura intelectual, exceso de tipismo y lugar común de lo andaluz, el teatro de los Quintero se nos presenta hoy, en palabras de Alonso Zamora, «como un bloque de ingenio y habilidad teatrales, al servicio de una sociedad sin demasiadas pretensiones, teatro grato, inundado de gracia y simpatía» (Historia de la Real Academia Española, 1999, p. 122).

El sucesor de Joaquín en la silla, Juan Ignacio Luca de Tena, dedicó a los hermanos su discurso de ingreso en la Academia Sevilla y al teatro de los hermanos Quintero. En él decía: «El teatro andaluz, propiamente dicho, no existía en España antes de la aparición de los Quintero. Cuando […] empezaban a languidecer los truculentos y artificiosos dramas pasionales o psicológicos, irrumpieron ellos en la escena española como un vendaval de aire puro impregnado de auténticos aromas de Sevilla».

Joaquín, que en su discurso de ingreso se consideraba a sí mismo «hombre algo soñador y distraído que vive en sí mismo más que fuera de sí», murió en Madrid el 14 de junio de 1944, seis años después que su hermano Serafín. Desde entonces, el «vendaval de aire puro impregnado de aromas de Sevilla» sopla en el madrileño cementerio de san Justo, donde descansan, tan juntos como en vida, los restos de los hermanos Quintero.

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