José Caveda

Imagen José Caveda

letra L

Elección

11 de Septiembre de 1851

Toma de Posesión

29 de Febrero de 1852

Fallecimiento

11 de Junio de 1882

José Caveda

Académico de número

Villaviciosa (Asturias), 1796-Gijón, 1882

El 29 de febrero de 1852 ocupaba su asiento en la RAE el político y poeta José Caveda y Nava con la lectura del discurso de ingreso La poesía considerada como elemento de la historia: «Buscar sólo en la poesía la inspiración, el sentimiento y los sonidos armónicos, aquel grato embeleso que seduce y fascina, es despojarla de una parte de su verdadero mérito» (p. 335). Su amigo de la infancia, el académico Pedro José Pidal, marqués de Pidal, fue el encargado de darle la bienvenida a la Academia.

Nacido en Villaviciosa (Asturias) el 12 de junio de 1796, la familia de Caveda mantenía una estrecha relación con el asturiano ilustrado Jovellanos, cuyo espíritu reformista e innovador influyó en el joven Caveda, que consagró su vida y su carrera al servicio público y, en paralelo, al estudio y a la permanente reflexión. Caveda estudió Ciencias y Humanidades en el Real Instituto Asturiano de Gijón, donde desempeñó una cátedra de Matemáticas, y se licenció en Derecho Político y Economía Política en MadridEn 1812 heredó la biblioteca de su padre, y su pasión bibliófila le llevó a seguir ampliando su fondo hasta el final de sus días, que llegó a tener más de doce mil ejemplares.

Durante el Trienio liberal (1820-1823), Caveda fundó la Sociedad Patriótica de Villaviciosa; fue comisionado por el gobierno para hacer el Inventario de los monumentos artísticos del suprimido monasterio de Valdediós (Asturias) en 1821, y en 1823 se enroló como voluntario en la Milicia Nacional para sofocar una insurrección. Con la vuelta del absolutismo en 1823, Caveda fue perseguido por su actitud liberal y condenado al ostracismo en su villa natal, donde se volcó en el estudio y en la investigación histórica y literaria junto a su amigo Pedro José Pidal —quien le dio la bienvenida a la RAE años después—. Para llevar a cabo sus investigaciones, ambos se valieron de los materiales históricos, arqueológicos y folclóricos de la biblioteca que Caveda había hererado de su padre.

Tras la muerte de Fernado VII, ambos eruditos volvieron a la actividad pública. Caveda fue nombrado procurador común en 1833, diputado provincial en 1837 y jefe político de Oviedo en 1838. Con la llegada de Isabel II, durante la Década Moderada (1844-1854), fue jefe de sección en el Ministerio de la Gobernación, miembro de la Junta Auxiliar del Gobierno en funciones y diputado. En 1848, Isabel II le incorporó al Consejo Real en clase extraordinaria hasta 1853, en que pasó a ser de clase ordinaria. En 1849 fue elegido director de Administración General en el Ministerio de la Gobernación, y en 1850 fue nombrado censor de las estatuas esculpidas para el Jardín Botánico y director general de Agricultura, Industria y Comercio en el Ministerio de Comercio, cargo que ocupó en dos ocasiones (1850-1853 y 1854-1857). De 1859 a 1860 fue consejero de Estado. En 1872 dejó definitivamente la actividad política y se retiró a Gijón, donde se consagró, durante diez años, al estudio en su nutrida biblioteca. Además de sus relevantes cargos en la vida pública y política, Caveda fue miembro de la Real Academia de la Historia (1847), de la RAE (1852), y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1859).

Pero Caveda no solo se volcó en la vida pública, sino que la compaginó con el silencio del estudio y la investigación. Fruto de sus años de investigación histórica, literaria y filológica sobre Asturias publicó, entre otros, los libros Recuerdos de la lengua asturiana, frases, locuciones, modismos y cantares de nuestro dialecto(1878) o Colección de poesías en dialecto asturiano (1839). En el ámbito histórico destacan Ensayo histórico sobre los diversos géneros de arquitectura empleados en España desde la dominación romana hasta nuestros días (1848), El grabado en España hasta el siglo XVIII(1866), Memoria para la Historia de la Real Academia de San Fernando y de las Bellas Artes en España desde el advenimiento de Felipe V hasta nuestros días (2 volúmenes, 1867), etc.

Caveda fue también colector de poesía tradicional y autor de versos populares; en 1839 publicó Colección de poesías en dialecto asturiano, donde recopiló distintos poemas salidos de su pluma como «La Judith», «El niño enfermo», «Los enamorados de la aldea», «La paliza» o «La vida en la aldea». Retirado en Gijón desde 1872, escribió Recuerdos de la lengua asturiana (1878) y el manuscrito inédito Los defensores del catolicismo en los siglos XVIII y XIX (1880).

José Caveda y Navas murió en Gijón el 11 de junio de 1882, treinta años después de haber ocupado su sillón en la RAE. «La obra de Caveda, hoy alejada, rezuma fervor por lo asturiano, dedicación al trabajo silencioso y austero» (La Real Academia Española, 1999, p. 169).

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