Luis González Bravo

Retrato de Luis González Bravo por Eusebio Zarza. Litografía de N. González (Madrid, 1868). © Biblioteca Nacional de España

letra C

Toma de Posesión

1 de Marzo de 1863

Fallecimiento

1 de Septiembre de 1871

Luis González Bravo

Académico de número

Cádiz, 1811-Biarritz (Francia), 1871

El 1 de marzo de 1863 ocupó su asiento en la RAE el político y periodista Luis González Bravo, que leyó el discurso Historia, elocuencia y política. El académico Cándido Nocedal le abrió las puertas de la institución: «Bienvenido el ilustre orador parlamentario á reforzar nuestras filas, conservadoras del patrio idioma. No siempre pienso como él, pero constantemente le admiro» (p. 431).

Nacido en Cádiz el 8 de julio de 1811, la vida y la trayectoria de González Bravo fueron siempre objeto de numerosas polémicas y contradicciones. Licenciado en Filosofía y Humanidades y en Derecho en la Universidad de Alcalá, el joven González Bravo era militante del Partido Progresista. «De natural agrio y combativo» (La Real Academia Española, p. 104), comenzó siendo un personaje «satírico, violento y mordaz» (ob. cit) que, bajo el temible seudónimo de Ibrahim Clarete (1837-1838), publicó numerosos artículos en El Guirigay contra la reina regente y Espartero. Sin embargo, aquel primer ímpetu liberal se fue aplacando, y González Bravo se convirtió de súbito en uno de los más extremos representantes del conservadurismo, hasta acercarse, al final de su vida, a las filas carlistas. Asesinado y enterrado el temible Ibrahim Clarete a manos de su propio creador, en 1843 González Bravo fue nombrado ministro de Gobernación (repitió en 1864), vicepresidente del gobierno y presidente del Consejo de Ministros por la reina Isabel II . Fue también diputado por Jaén y por Canarias y embajador de Isabel II en Lisboa (1844) y en Londres (1857). Tras la Revolución de 1868, se exilió a Francia con la reina destronada, donde murió tres años después, en septiembre de 1871, a los pocos meses de haberse declarado carlista.

Además de a la RAE, González Bravo perteneció a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la que fue académico fundador, y fue miembro del Ateneo de Madrid. Escribió la obra Intrigas para morir: drama original en cuatro actos en prosa (1838), así como furibundos artículos y algún que otro discurso académico. Hacia 1850 se batió en duelo con el congresista y académico Antonio Ríos Rosas, miembro de su mismo partido, que lo hirió gravemente; aunque la herida de González Bravo «evolucionó muy favorablemente» (León Roch, La villa y Corte de Madrid en 1850, 1927, pp. 50-52). Según Emilio Alcalá Galiano, tras la muerte de González Bravo la prensa francesa publicó ridículos artículos sobre sus rifirrafes con el también académico Martínez de la Rosa, de quien decían que tenía una espada de combate llamada «la rosa» y que había matado con ella al marqués de Aranjuez, «que tan grueso era que, habiéndole atravesado de una estocada, no salió por la espalda la punta de la espada » (Interesantes recuerdos históricos, políticos de España [...], desde el 23 de junio de 1871 hasta el 30 de abril de 1878, 1909).

Tras una vida llena de contradicciones, el joven liberal y viejo carlista, el desertor de la reina regente y adulador de su hija, Isabel II, murió en Biarritz (Francia) el 1 de septiembre de 1871. A su muerte en el destierro, Ramón de Campoamor escribió una Epístola necrológica, dirigida al entonces director de la RAE Mariano Roca de Togores, marqués de Molins, donde exaltaba la batalladora personalidad de González Bravo.

En la RAE, aún resuena el eco de las palabras que González Bravo pronunció el día de su discurso de ingreso, y que mantienen su alma viva:

«La duración de la vida de un hombre no se encierra en los límites dentro de los cuales funciona el mecanismo fisiológico de su ser, sino que se extiende más allá del sepulcro, por el espacio en donde se ven vivir todavía los actos de su alma […]» (Historia, elocuencia y política, 1863, p. 350).

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