Manuel Linares Rivas

Retrato de Manuel Linares Rivas por Antoni Esplugas (1900-1910). © Archivo Nacional de Cataluña

letra Q

Toma de Posesión

15 de Mayo de 1921

Fallecimiento

9 de Agosto de 1938

Manuel Linares Rivas

Académico de número

Santiago de Compostela, La Coruña, 1866-La Coruña, 1938

El 15 de mayo de 1921 ocupaba el sillón Q de la RAE el dramaturgo Manuel Linares con el discurso titulado Manuel Curros Enríquezen recuerdo del popular poeta gallego (1851-1908): «Alabé a Curros, sí, pero en el fondo de mi alma estoy alabando a Galicia» (p. 31). El académico José Ortega Munilla le dio la bienvenida a la corporación: «Él ha acertado con la emoción social. Él ha adivinado dónde se encontraba la clavija misteriosa que mueve los ánimos, levanta los corazones y junta las manos en el aplauso» (p. 63).

Nacido en Santiago de Compostela el 8 de febrero de 1866, el joven Linares Rivas estudió Derecho y se alistó a las filas políticas; a los veinticinco años fue elegido diputado por el distrito de Órdenes (La Coruña) y más adelante fue ministro de Fomento y senador vitalicio desde 1920 con el Partido Conservador de Eduardo Dato.

Además de su intermitente relación con la política, la verdadera profesión y vocación de Linares Rivas fue la de dramaturgo; en la década de 1890, ya diagnosticado de una sordera incurable y degenerativa, comenzó a escribir sus primeras obras de teatro y se convirtió, con los años, en el escritor con más obras publicadas en colecciones relevantes. Estrenó más de un centenar de obras representadas en los teatros más populares por actores y actrices de la talla de María Guerrero y de Fernando Díaz de Mendoza.

Manuel Linares llenaba los teatros con su obra de carácter social y de denuncia; en 1914 publicó una de sus creaciones más polémicas, La garra, un alegato a favor del divorcio que «en una sociedad burguesa e hipócrita, como era la espectadora de Linares Rivas, tenía, por fuerza, que provocar intranquilidades» (La Real Academia Española, 1999, p. 199).

Después de un periodo de comedia más o menos costumbrista (El abolengo, 1904; Bodas de Plata, 1906, etc.), Linares se inclinó por un teatro con miras sociales y escribió, entre otras, las obras Camino adelante (1913), Como buitres (1913), La fuerza del mal (1914), Cobardías (1919), La mala ley (1923), La espuma del champagne (1929),Todo Madrid lo sabía (1931) o Déjate querer, hombre (1931).

Completamente sordo, el prolífico dramaturgo murió el 9 de agosto de 1938 en su amada tierra, La Coruña, donde le había sorprendido la Guerra Civil. Las actas de las sesiones celebradas en la zona nacionalista recogen la noticia con desapego, sin comentario alguno.

Sin embargo, el académico Francisco Rodríguez Marín recuerda su paso por la Academia de esta guisa, según recoge Olivar Bertrand en las Confidencias del bachiller de Osuna (pp. 100-101):

«Linares Rivas, sordo el pobre como una tapia, no asistía a las sesiones de la Academia. Pero unas pocas le vimos en el salón provisto de aparatos monumentales en cada oreja. Aparatos, según nos dijo, que acababa de recibir de París. “La dama de Elche”, exclamé yo al verle, y todos se echaron a reír. “¿Qué ocurre?”, preguntó Linares Rivas, que únicamente por los ojos registró las risas. Y al explicárselo él mismo, aunque tristón, sonrió: “De nada me sirven estos auriculares —confesó abatido, al poco rato de iniciada la sesión—. ¡No volveré nunca más!”. En adelante, imitó en esto a Galdós: solo asistía cuando olisqueaba que iba a tratarse de algún punto particularmente interesante para él».

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