Marcelino Menéndez Pelayo

Marcelino Menéndez Pelayo

letra l

Elección

10 de Diciembre de 1880

Toma de Posesión

6 de Marzo de 1881

Fallecimiento

27 de Agosto de 1912

Marcelino Menéndez Pelayo

Académico de número

Santander, 1856-1912

El 6 de marzo de 1881 y con tan solo 25 años, ocupaba su sillón en la Academia uno de los eruditos y críticos literarios más importantes del siglo xix, Marcelino Menéndez Pelayo. El joven dedicó su discurso de ingreso a La poesía mística en España, al que le respondió su admirador y amigo el académico Juan Valera.

Menéndez Pelayo nació en Santander el 3 de noviembre de 1856. Estudió Letras en la Universidad de Barcelona y concluyó la carrera en Madrid, donde se doctoró en 1875. Con la ayuda económica de las instituciones santanderinas y del Ministerio de Instrucción Pública, el joven Marcelino viajó al extranjero en 1876 y recorrió, entusiasmado, las bibliotecas de Roma, Nápoles, Florencia, Bolonia, Venecia, Milán, París, Bruselas, Amberes y Ámsterdam. Sin embargo, su ánimo no era el de un viajero, sino el de un bibliófilo, y aquellas fueron las únicas salidas al extranjero del erudito, que estuvo siempre en contacto con intelectuales de todos los rincones del mundo.

A los veintiún años, en 1878, publicó su primer libro, Estudios poéticos, y obtuvo la cátedra de Historia de la Literatura en la Universidad Central de Madrid —después de que el tribunal rebajara a veintiún años la edad para poder obtenerla—. Menéndez Pelayo se convertía en el catedrático de Historia de la Literatura más joven de la historia. A partir de entonces, su actividad como historiador y crítico de la literatura se centró en la investigación de la literatura en español y de toda la literatura que se había producido en España, en cualquier lengua, empezando por el latín e incluyendo las cuestiones más diversas del contexto histórico y cultural.

Dos años después, en 1880, Menéndez Pelayo era elegido académico de la RAE a los 24 años; contaba ya con un respetable bagaje impreso que lo acreditaba como claro merecedor de la silla. Fue también diputado por Mallorca (1884) y por Zaragoza (1891), senador por la Universidad de Oviedo (1893 y 1895) y director de la Biblioteca Nacional (1898) y de la Revista de Archivos (1898). Además de a la RAE, perteneció a las reales academias de Ciencias Morales y Políticas (1889), de Bellas Artes (1901) y de la Historia (1883), de la que fue bibliotecario hasta 1909 y director desde entonces hasta su muerte, en 1912. En la RAE, Menéndez Pelayo fue nombrado inspector de publicaciones en 1895 y trabajó intensamente en las tareas editoriales de la casa, sobre todo en las relacionadas con el teatro de Lope de Vega.

Ávido lector e investigador, su producción sobre la historia literaria de España es abrumadora. Llegó a los umbrales del Renacimiento y abarcó cuatro grandes temas: la poesía castellana de la Edad Media, la poesía medieval en Portugal y Cataluña, el tratado de los romances viejos y Juan Boscán. Investigó, también, sobre el desarrollo en España de la lírica.

Cansado y enfermo, como si hubiera encarnado varias vidas en una, Menéndez Pelayo murió a los 55 años en Santander, el 19 de mayo de 1912. Su obra, que fue continuada por sus discípulos, sigue arrojando luz y guiando la investigación de la historia de la literatura en España, que ha encontrado vías nuevas a las abiertas en su día por el crítico. ¿Qué hubiera pasado si Menéndez Pelayo hubiera vivido más años? ¿Cuántas obras más hubiera publicado? ¿Cuántos volúmenes tendría su ya nutrida biblioteca?

Cuarenta años después de su muerte, el 27 de agosto de 1956, sus restos fueron trasladados a un sepulcro en la catedral de Santander, obra de Victorio Macho. España, necesitada de mitos nacionales, glorificó a Menéndez Pelayo y celebró un funeral con todos los honores y la pompa oficial imaginables. Hoy, su enterramiento es una joya escultórica de la catedral santanderina, pero más lo es su inmensa labor en el ámbito de la historia de las letras españolas.

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