Ramón de Mesonero Romanos

Ramón de Mesonero Romanos

letra e

Toma de Posesión

25 de Febrero de 1847

Fallecimiento

30 de Abril de 1882

Ramón de Mesonero Romanos

Académico de número

Madrid, 1803-1882

El 25 de febrero de 1847 llegaba al sillón e de la RAE el escritor y periodista Ramón de Mesonero Romanos, que había sido admitido como académico honorario nueve años antes, el 3 de mayo de 1838.

Nacido en Madrid el 19 de julio de 1803, Mesonero cuenta en su libro Memorias de un setentón (1880) cómo de niño escuchaba con atención las fascinantes historias y chascarrillos que le contaba su padre, que despertaron en él una infinita curiosidad. Aquella honda semilla sería el germen de su espíritu inquieto, que quedaría impregnado en su vida y en su obra, y que le llevarían a adentrarse física y literariamente en todos los vericuetos de la historia; a fisgonear, a escudriñar la realidad, a hacerse preguntas y a responderlas en sus crónicas y escritos. En la vida y en la obra de Mesonero está contenida la historia de España de todo un siglo; por ella desfilan los años de la invasión francesa, el absolutismo de Fernando VII, la regencia María Cristina y los primeros años de reinado de Isabel II, así como toda la plana política e intelectual del siglo XIX. En su obra late el sentir social, político y económico de aquel intenso siglo.

Fruto de aquella curiosidad, Mesoneros se puso a sí mismo el seudónimo de El curioso parlante, con el que firmó muchas de sus crónicas y escritos. Su interés por contar y compartir lo que veía se fraguó en 1836 con la fundación de la revista el Semanario Pintoresco Español, en la que colaboraron muchos de los intelectuales de aquella época. A lo largo de carrera periodística colaboró en distintos periódicos y revistas como El Indicador de las Novedades, El Correo Literario y Mercantil, Cartas Españolas, Revista Española y en el Diario de Madrid.

Además de su labor como articulista, Mesonero estuvo siempre comprometido con su ciudad, Madrid, de cuyo ayuntamiento fue concejal durante cinco años, de 1845 a 1850. Durante aquel tiempo se ocupó de sanear la ciudad y de llevar a cabo una transformación urbanística, que quedaría reflejada en varias publicaciones de Mesoneros sobre Madrid. Tras renunciar a su puesto en 1850,  estuvo diez años dedicado por completo a la literatura y al periodismo, hasta que puso su pluma a disposición de su querida ciudad y fue nombrado cronista de Madrid. Desempeñó también un importante papel como promotor y fundador de centros culturales benéficos de la capital; fue el ideólogo y fundador del Ateneo de Madrid y del Liceo Artístico y Literario. Incluso, en sus viajes por Europa pensaba en su ciudad, y volvía siempre con la idea de «europeizar» Madrid, de transformarla. Además de concejal y cronista de la capital, fue bibliotecario perpetuo de la villa de Madrid.  

La obra de Mesonero Romanos es ingente; además de los numerosos artículos y crónicas costumbristas, dedicó varios libros a Madrid, como Manual de Madrid (1831), El antiguo Madrid (1861), Panorama matritense (1835) y Escenas matritenses (1842). Apasionado por el teatro del Siglo de Oro, adaptó varias comedias de Tirso de Molina, Lope de Vega y otros, e incluso estrenó alguna propia.

En su libro Memorias de un setentón (1880), Mesonero no solo recoge la historia de su vida desde su infancia, sino la historia de la vida de España desde Fernando VII hasta el reinado de su hija, Isabel II. La caudalosa información histórica que ofrecen sus memorias sirvieron como fuente al propio Galdós, que se valió de ellas para la redactar los célebres Episodios Nacionales. En palabras del académico Alonso Zamora, «Mesonero nos da, en todo momento, su visión amable de un siglo pertinazmente empeñado en ser arisco, indisciplinado, caótico a veces» (La Real Academia Española, 1999, p. 259).

Ramón de Mesonero Romanos, el Curioso parlante, murió en su casa madrileña, en la actual glorieta de Bilbao, el 30 de abril de 1882.  Legó al Ayuntamiento de Madrid su riquísima biblioteca, base de la actual Biblioteca Municipal de Madrid, y a los lectores e historiadores un inmenso caudal de noticias de aquel convulso siglo XIX. «Su mirada aguda, de observador inteligente, nos ha legado una visión insustituible del devenir histórico, social, literario, etc.» (op. cit. p. 259).

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