Real Academia Española

   

Agustín García de Arrieta

Agustín García de Arrieta

Cuéllar (Segovia), 28 de agosto de 1768-París, 2 de mayo de 1835
Silla O

Elegido supernumerario en 1815, pasó a ser académico de número en 1818.

Bachiller en Filosofía y en Sagrada Teología, bibliotecario y literato, Agustín García de Arrieta enseñó Disciplina Eclesiástica, Derecho Natural y de Gentes, e Historia Literaria en los Reales Estudios de San Isidro.

Como explica Manuel Sánchez Mariana en el Diccionario biográfico español (DBE, 2011), García de Arrieta ingresó en la Biblioteca de San Isidro en 1798, de la que llegó a ser director en 1814. Dos años más tarde se le concedió el puesto de bibliotecario supernumerario de la Biblioteca Real.

En 1822, tras la creación de la Universidad Central, García de Arrieta se convirtió en el primer director de la biblioteca. No obstante, explica Sánchez Mariana, «duró poco, pues tras la nueva invasión francesa, Fernando VII fue repuesto como rey absoluto, y la disposición por la que se creaba la Universidad quedó sin efecto». Al año siguiente, en 1823, se exilió a París, donde murió el 2 de mayo de 1835.

García de Arrieta tradujo obras italianas y francesas, destinadas probablemente a servir de libros de texto en los Estudios de San Isidro. También comedias alemanas (aunque a través de versiones francesas) y recopilaciones de máximas o aforismos sacados de Fénelon y de Cervantes.

El académico, como indica Sánchez Mariana en el DBE, «es conocido como cervantista por haber sido el primer editor de la novela corta atribuida a Cervantes La tía fingida, texto que incluyó como apéndice a la mencionada recopilación de máximas cervantinas (1814); y por las ediciones  de las Obras escogidas de Cervantes (París, 1826, 1827), que llevó a cabo en su exilio parisino y que gozaron de gran éxito entre los emigrados».

Pero su obra más notable y de más influencia es, según Sánchez Mariana, Principios filosóficos de la literatura o Curso razonado de bellas letras y de bellas artes, de Charles Batteux (Madrid, 1797-1805, en nueve volúmenes). «En esta obra se establecieron algunos de los principios básicos de la estética neoclásica, como la consideración de que la esencia de las bellas artes y letras era la imitación de la naturaleza, aunque no tal como ella era, sino como la podía concebir el espíritu de forma sabia e ilustrada, fundamentando así el concepto de gusto. Numerosos escritores de la época, entre los que se encontraba Moratín, fueron seguidores y defensores de los principios de la retórica de Batteux a través de la traducción de Arrieta».

García de Arrieta fue, según dice Alonso Zamora Vicente en su Historia de la Real Academia Española (1999, 2015), «la figura típica de la personalidad de notables dotes, cuyos posibles frutos se ven inutilizados por las oscilaciones políticas».

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