Real Academia Española

   

Antonio Dongo Barnuevo

Antonio Dongo Barnuevo

Sevilla, 13 de febrero de 1663 - 10 de octubre de 1722
Silla H

Académico fundador, forma parte de la nómina que el Diccionario de autoridades recoge en sus preliminares.

Bibliotecario real, corregidor, oficial de la Secretaría del Estado y, como se dice en la «Historia de la Academia» redactada por José Casani en los preliminares del Diccionario de autoridades, «escritor correcto y estimado», Antonio Dongo Barnuevo fue el primer ocupante de la silla H.

Perteneció al grupo de los ocho primeros asistentes que, desde 1711, se reunían semanalmente en las tertulias celebradas por el marqués de Villena en su palacio de las Descalzas Reales de Madrid, es decir, dos años antes de la creación de la Real Academia Española.

Antonio Dongo, escribe Víctor García de la Concha en su obra La Real Academia Española. Vida e historia (2014), fue «un hombre de la alta administración de la corte y del Gobierno de Felipe V, a quien en la guerra de Sucesión ayudó de manera personal cuando se produjo la sublevación del reino de Valencia. El rey lo nombró bibliotecario real, lo que presuponía un reconocimiento público de su significación en el mundo cultural. De hecho, se conservan poemas suyos, como el dedicado a sor Juana Inés de la Cruz, y participó con una carta en la edición de los Diálogos philosóficos en defensa del atomismo, de Juan de Nájera, central en la polémica de los novatores».

Dongo colaboró en el Diccionario encargándose, cuenta Francisco M. Carriscondo Esquivel en el Diccionario biográfico español (2011), «del léxico de la carpintería y de la combinación a (según acuerdo de la sesión académica de 10 de agosto de 1713), así como las que dejó sin elaborar Gabriel Álvarez de Toledo, fallecido prematuramente en 1714: ae y al (sesión de 25 de enero de 1714), aunque, en el caso de esta última combinación, se le encargó su reelaboración a José Montealegre». Dongo también se ocupó de realizar el «vaciado de textos del Doctrinal de  los caballeros (1487) de Alonso de Cartagena» a fin de extraer algunos que sirvieran para autorizar los usos de las voces definidas en el Diccionario.

El 12 de diciembre de 1720, según relata Alonso Zamora Vicente en su Historia de la Real Academia Española (1999), expuso ante la Academia «un discurso ritual sobre la etimología de berza. Y entre los papeles manuscritos de la RAE, se conserva un informe sobre un poema de Ferreras al rey, suplicándole conserve la vida a una paloma que, volando, cayó a los pies de la reina (el informe aparece firmado por Dongo y por Adrián Connink)».

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