Real Academia Española

   

Antonio Rodríguez-Moñino

Antonio Rodríguez Moñino en su biblioteca. © Real Academia Española

Antonio Rodríguez Moñino en su biblioteca. © Real Academia Española

Antonio Rodríguez-Moñino

Calzadilla de los Barros (Badajoz), 1910-Madrid, 1970
Silla X

Tomó posesión el 20 de octubre de 1968 con el discurso titulado Poesía y Cancioneros (siglo xvi). Le respondió, en nombre de la corporación, Camilo José Cela.

El bibliógrafo y filólogo Antonio Rodríguez-Moñino creció entre libros. El derecho y la historia fueron sus grandes aficiones, aunque «su curiosidad no ha dejado extremo alguno por tocar. Su producción copiosa y certera lo demuestra», según explica Alonso Zamora Vicente en la Historia de la Real Academia Española. Se licenció en Derecho y en Filosofía y Letras en 1933 en la Universidad Central de Madrid. En 1935 obtuvo una cátedra de Lengua y Literatura Españolas. Más tarde, en 1965, se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca.

Comenzó sus investigaciones en París y Amberes, becado por la Universidad Central. Continuó sus trabajos en el Centro de Estudios Históricos, bajo la dirección de Claudio Sánchez Albornoz. En 1936 fue destinado al Instituto Luis Vives, en Valencia, donde ejerció la docencia hasta que en 1938 se vio obligado a incorporarse al Ejército de la república en el frente de Extremadura, tal como señala Rafael Rodríguez-Moñino Soriano en el Diccionario biográfico español (DBE, 2011).

«El conflicto armado y el régimen franquista le tuvieron alejado de la enseñanza al ser depurado y forzado al exilio, ya que el Ministerio español no reconocía el derecho de Moñino a dar clases», indica Zamora Vicente en su obra.

Rodríguez-Moñino Soriano explica en el DBE que en 1940 comenzó a colaborar con José Lázaro Galdiano, «quien le encargó la custodia de los tesoros artísticos que existían en su palacio; como, asimismo, de su biblioteca y de su archivo. Al fallecer Lázaro, fue designado bibliotecario de los fondos bibliográficos de la recién creada Fundación Lázaro Galdiano, ejerciendo en activo esta función hasta 1960, cuando consiguió la excedencia voluntaria por su nombramiento como profesor de Literatura de la Universidad californiana de Berkeley».

Fue vicepresidente de la Hispanic Society of America, miembro honorario de la Asociación Americana de Profesores de Español y Portugués y miembro de la Sociedad Bibliográfica de Londres. Recibió, además, el doctorado honoris causa de la Universidad de Burdeos.

Trabajó sobre cancioneros, romanceros, manuscritos, bibliografía literaria general, investigación histórica, catalogación y ordenación de sectores relativos a España en bibliotecas internacionales, literatura regional, epistolarios, viajes de personalidades destacadas, traducciones y catálogos documentales.

Dentro de su extensa obra se destacan Historia de la literatura extremeña (notas para su estudio), 1942; Catálogo de manuscritos extremeños (siglos x-xix), 1942; La erudición extremeña y la Academia de la Historia (1877-1945): noticias bibliográficas, 1946; Historia literaria de Extremadura (Edad Media y Reyes Católicos), 1950; Catálogo de memoriales presentados al Real Consejo de Indias (1626-1630): descripción bibliográfica de más de cuatrocientos rarísimos impresos y manuscritos, 1953; Flor de romances, glosas, canciones y villancicos (Zaragoza, 1578), 1954; Cartas inéditas de don Bartolomé José Gallardo a don Manuel Torriglia, 1955; Segunda parte del «Cancionero general» (Zaragoza, 1552), 1956; Las series valencianas del romancero nuevo y los cancionerillos de Múnich, 1963; Manual bibliográfico de cancioneros y romanceros, 1973-1978 (4 volúmenes).

Siendo miembro correspondiente de la RAE, trabajó en la serie de doce volúmenes titulada Las fuentes del «Romancero general» de 1600, editada por la institución. Sin embargo, el mayor servicio que Rodríguez-Moñino prestó a la Academia —explica Dámaso Alonso en la necrológica que publicó para el BRAE— fue la publicación en 1958 de la primera edición (1511) del Cancionero general de Hernando del Castillo.

La Real Academia Española recibió, por disposición testamentaria, la importantísima biblioteca personal que Antonio Rodríguez Moñino logró reunir junto a su mujer, María Brey. El legado sigue a disposición de los investigadores y consta de alrededor de 17 000 volúmenes, un repertorio de 639 pliegos de cordel y el archivo personal de don Antonio, con 7870 cartas de 1550 corresponsales. Entre los libros destacan títulos como el Libro del juego de las suertes de Lorenzo Spirito, el Romancero general de Juan de la Cuesta, el Cancionero de Juan del Encina, los manuscritos de las Obras de Juan de Mena o la Vida del buscón de Francisco de Quevedo.

Más información


Necrológica de Rodríguez-Moñino, por Dámaso Alonso. Boletín de la Real Academia Española, tomo L, cuaderno CXCI, 1970.

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