Real Academia Española

   

Francisco Pizarro

Francisco Pizarro

Romangordo (Cáceres), 31 de diciembre de 1669-Madrid, 14 de febrero de 1736
Silla I

Académico fundador, forma parte de la nómina que el Diccionario de autoridades recoge en sus preliminares.

Descendiente de uno de los conquistadores de Nápoles, y de familia muy próxima a la corte, Francisco Pizarro, marqués de San Juan y caballero de la Orden de Calatrava, fue el primer ocupante de la silla I. En su niñez, señala Víctor García de la Concha en su obra La Real Academia Española. Vida e historia (2014), «había sido menino de la reina y, más tarde, su mayordomo y caballerizo. En 1713 [cuando fue elegido académico de la RAE], era primer caballerizo de Felipe V y presidente del Consejo de Indias».

Pizarro, «muy interesado en la cultura francesa», tradujo la Cénna, de Corneille, el Discours sur l’histoire universelle de Jacques B. Bossuet y la Histoire Ecclésiastique de Claude Fleury.

El 13 de julio de 1713, Francisco Pizarro fue llamado a la Academia por el núcleo de los ocho fundadores de la institución. En las primeras reuniones en casa del marqués de Villena —fundador y primer director— «surgió la convicción de que eran muy pocas ocho personas para la tarea proyectada [la elaboración de un diccionario de la lengua castellana]», indica Alonso Zamora Vicente en su Historia de la Real Academia Española (1999). Por esa razón «se invitó a alguno más, que ya figura en la sesión de 3 de agosto de 1713», primera de las que la Academia recogió en el libro de actas de la corporación. Se acordó llamar a Francisco Pizarro, José de Solís y Vicencio Squarzafigo. Estos tres, junto con los otros ocho, son considerados los fundadores y primeros miembros de número de la RAE.

Una vez miembro de la Academia, Francisco Pizarro comenzó su colaboración en el Diccionario de autoridades, redactando las combinaciones de las letras aj y ax. No obstante, según cuenta Francisco M. Carriscondo Esquivel en el Diccionario biográfico español (2011), «su demora obligó a la Academia a recordarle la necesidad de entregar su trabajo (8 de octubre de 1716). Pizarro se escudó en sus ocupaciones y en una enfermedad que le impedía todo trabajo y estudio. Lo que entregó finalmente no satisfizo a la Academia, por lo que la combinación pasó a Adrián Connink (10 de noviembre de 1718). También se encargaron a Pizarro las voces del blasón (21 de marzo de 1714) y el vaciado de las obras de Diego Saavedra Fajardo y fray Luis de León [a fin de extraer textos que sirvieran para autorizar los usos de las voces incluidas en el Diccionario]».

A partir de ese momento, y debido a sus «ocupaciones palatinas», se mantuvo más alejado del trabajo académico, hasta su muerte en 1736. Ese mismo año se instauró en la corporación, como recuerda Zamora Vicente, la «tradición piadosa de las cincuenta misas por el académico fallecido», costumbre que comenzó, precisamente, a la muerte de Pizarro y a propuesta del también académico fundador José Casani. El poeta y eclesiástico Francisco Gregorio de Salas dedicó a Pizarro el soneto XL de su obra: “Pacífico varón, prudente y justo…”.

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