Sintaxis

32 La interjección. Sus grupos sintácticos

32.5 La interjección y otras clases de palabras

32.5a Como se recordó en el § 32.1g, se forman expresiones interjectivas a partir de voces pertenecientes a muy diversas clases de palabras. Se dividirán aquí de la siguiente forma:

1. Interjecciones creadas a partir de sustantivos

2. Interjecciones creadas a partir de verbos

3. Interjecciones creadas a partir de adverbios

4. Interjecciones creadas a partir de adjetivos

5. Interjecciones creadas a partir de otras expresiones

En las páginas que siguen se analizará brevemente cada uno de estos grupos. Como se verá, las voces que se mencionan al analizar algunos de ellos no se integran plenamente en el grupo de las interjecciones, pero guardan estrecha relación con ellas.

32.5b Son muy numerosas las interjecciones creadas a partir de nombres, si bien su vitalidad es irregular en las diversas áreas hispanohablantes. A ese extenso paradigma pertenecen las siguientes, entre otras:

albricias, canastos, caracoles, cielos, cuerno, cuidado, demonio(s), gracias, hombre, leche (también leches y la leche), narices, ojo, puñales, puñeta(s), rayos (también rayos y truenos o rayos y centellas), zambomba.

Se ilustran a continuación varias de ellas:

¡Cielos! ¿Cuántos años podía tener Severa? ¿Veintisiete, veintiocho? (Cabrera Infante, Habana); Otra voz me advertía: ¡cuidado!, no permitas que la bestia se despierte (Quintero, E., Danza); Al ver que yo no respondía volvió a decir, más encendido esta vez: “¡Demonios! ¡Dígame si volvió usted a ver a Eldora Dan!” (Padilla, Imposibilidad); ¿No lo sabe? ¡Hombre!, pues es el tema de esta ocasión (Gánem, Caminitos); Entreabría la puerta cada cinco minutos y vociferaba: ¡leche! (Rossi, María); Que primero ellas y luego yo. ¡Narices! Todo o nada. ¿Me oyes? (Chávez, Batallador); ¡Ojo! ¡Que el juguete no es de trapo ni de plástico, sino que soy yo! (Rovner, Compañía); Se enfada y da un puñetazo en la mesa: ¡Puñeta! ¡Que están ustedes en mi casa! (Barea, Forja).

Algunas interjecciones de esta serie tienen hoy escaso uso, pero otras se mantienen vivas en ciertas zonas (por ejemplo, cuerno y caracoles en el área andina). Como se hace notar en el § 9.2f, varias interjecciones admiten diminutivos, propiedad que comparten con otras clases de palabras, pero sobre todo con sustantivos y adjetivos: adiosito, chaocito (o chaucito), cuidadito, ojito, upita (o aupita). No los aceptan, sin embargo, la mayor parte de los sustantivos mencionados en la relación precedente.

32.5c No son interjecciones los sustantivos y los grupos nominales exclamativos que se usan para solicitar algo, como en ¡Café!, por favor; en ¡Una cerveza!, o en ¡Luz! —y los dos lacayos con sus antorchas corrieron hasta el presbiterio (Donoso, Casa). No se consideran tampoco interjecciones las expresiones exclamativas ¡Calma!; ¡Unidad!; ¡Paciencia! y otras análogas formadas por sustantivos empleados con intención apelativa:

Marta: Calma… ¡Calma! Tendremos que dar explicaciones, devolver los regalos, afrontar el escándalo y soportar el ridículo… (Reina, Reflejos); Román: Mi madre es otra de la que yo creía. Fray Diego: Así lo dispuso el Señor. ¡Paciencia! (Calvo, Román Castillo); “¡Unidad!”, gritaban los docentes (Universal [Ven.] 9/5/2009).

32.5d En otros casos, en cambio, suele entenderse que el sustantivo o el grupo nominal están más próximos a la interjección o se integran plenamente en esa categoría, ya que se trata de expresiones acuñadas que adquieren usos solo relacionados indirectamente con el significado que de estas palabras suelen recoger los diccionarios en su valor de sustantivos. Así, la interjección cancha se emplea en algunos países americanos, sobre todo de las áreas caribeña y andina, para pedir paso o espacio, como en Cancha, por favor, el que no trabaja que se tome el barco (Galeano, Días). En la rioplatense se usa también abran cancha con este mismo sentido. En España se utiliza aire con un valor similar, aunque de manera más restringida: Aire, aire, no se amontonen, por favor (Díez, Fuente). En casi todas las áreas lingüísticas se usa acción para ordenar que comience una grabación en los rodajes cinematográficos: —¡La piel y la máscara, secuencia tres, plano uno, toma ocho! —¡Acción! —dijo el Oso (Díaz Martínez, Piel).

32.5e Como se ve, los límites entre interjecciones y sustantivos usados en la exclamación dependen del grado de lexicalización de las expresiones que se consideren. Al igual que se espera que las interjecciones aparezcan detalladas con este sentido en los diccionarios, es inapropiado que figuren en ellos los sustantivos usados ocasionalmente como apelaciones (¡Luz!; ¡Unidad!). No obstante, se ha observado que existen casos conflictivos en relación con los cuales los diccionarios optan por soluciones diferentes. Es habitual que fuego, ánimo o cuidado aparezcan entre las interjecciones, pese a que su valor es equivalente al de grupos exclamativos con los verbos tener o haber, como en ¡Ten ánimo!; ¡Tené cuidado!; ¡Hay fuego! En cambio, unos diccionarios dan cabida a auxilio, silencio, socorro, entre las interjecciones, ya que sus autores entienden que se asimilan a ellas, mientras que otros consideran que no deben incluirlas, ya que las interpretan como expresiones nominales libres, es decir, como sustantivos que pueden constituir enunciados en los que se solicita con vehemencia la noción designada:

¡Auxilio! ¡Socorro! ¡Sáquenme de aquí! (Castellanos, R., Eterno); —¡Silencio! ¡Silencio! —gritaba, sin la menor esperanza de hacerse escuchar (Garmendia, Cuentos); ¡Auxilio! —alcanza a gritar—. ¡Auxilio! (Lara, Charras).

Por otra parte, no todos los sustantivos que se asimilan a las interjecciones en estos usos son apelativos. Así, el sustantivo victoria se clasifica como interjección en el DRAE porque su empleo como expresión de alegría por el triunfo está codificado lingüísticamente: ¡Victoria! ¡Los porteños han vencido! (Aguirre, N., Juan). Sobre el uso interjectivo de palabra, véase el § 32.6h.

32.5f Ciertas propiedades sintácticas de las expresiones interjectivas nominales permiten diferenciarlas de los sustantivos usados libremente en las construcciones exclamativas. Así, el sustantivo mencionado silencio va seguido de un vocativo en expresiones como ¡Silencio todo el mundo!, propiedad que, como se recordó, es característica de las interjecciones (¡Adiós, muchachos!). Algunos gramáticos entienden que el valor idiomático de estas expresiones estará determinado por la posibilidad de traducirlas o no literalmente a otros idiomas. La validez de este criterio se puede refutar con dos argumentos. El primero es que es posible que en otras lenguas no se usen los sustantivos exclamativos como se emplean en español (por ejemplo, luz en el texto de Donoso que se citó en el § 32.5c), de lo que no debería deducirse que esas expresiones son interjecciones en español. El segundo argumento se apoya en el hecho de que el criterio de la traducción es poco firme porque está sujeto a la relativa vecindad que es posible reconocer entre las lenguas. Así, por ejemplo, ojo es una interjección del español, a pesar de que tenga un equivalente literal en italiano. Por otra parte, el asimilar un sustantivo a las expresiones interjectivas no depende de la extensión geográfica de su uso. Así, la expresión permiso puede considerarse interjectiva, puesto que en muchos países hispánicos (aunque no en todos) se emplea como fórmula protocolaria para solicitar autorización o para comunicar de forma cortés que se desea hacer algo con la conformidad de los demás: —Permiso —dijo, muy respetuosamente—. Tengo que regresar a internacional (Bayly, Días).

32.5g Se asimilan a las interjecciones los grupos nominales que se usan en los saludos (buenos días, buenas tardes, etc.), sobre los que se volverá en el § 32.6b, c. Son muy numerosas las expresiones interjectivas creadas a partir de nombres propios o de grupos nominales que hacen referencia al mundo religioso, tanto si se utilizan con intención apelativa, como si se emplean en su sentido puramente expresivo. A este extenso paradigma pertenecen las siguientes:

ave María; ave María Purísima; cielo santo; cielos; Cristo Bendito; demonios; diablos; Dios; Dios Bendito; Dios mío; Dios Santo; Jesús, José y María (o Jesús, María y José); la Virgen; Madre de Dios; Madre del amor hermoso; Madre mía; Sagrado Corazón de Jesús; Santa Madre de Dios; Santa María; Santísimo Sacramento; Virgen del amor hermoso; Virgen Santa.

Las expresiones mencionadas son grupos nominales. Cabe agregar ciertas fórmulas lexicalizadas constituidas por grupos preposicionales o con forma oracional (como Dios quiera, por Dios, quiera Dios, válgame Dios o vaya por Dios, entre otras), algunas con variación de persona, como en Dios {me ~ te ~ le ~ nos…} libre (también … guarde; … proteja, etc.). Las interjecciones que contienen grupos verbales se estudiarán en los apartados siguientes.

32.5h El grupo 2 del § 32.5a corresponde a las interjecciones creadas a partir de verbos. Cabe hacer varias consideraciones en relación con este paradigma. En primer lugar, el imperativo de un verbo puede dar origen a más de una interjección, sin que ello implique que las interjecciones pasen a ser palabras variables. Es el caso de anda y ande; toma y tomá (pero no tome) o de quita y quite en algunos de sus usos, como en —Sí, pero en usted no me da risa. —Ande, quite, quite… —terció su madre (Grandes, Aires). En segundo lugar, las formas lexicalizadas pueden ser distintas en función de las áreas lingüísticas, lo que no sería esperable de un paradigma flexivo. No coinciden, por ejemplo, desde el punto de vista geográfico, los usos lexicalizados de viene32.5j) con los de venga. Los de meta o sepa (también en el § 32.5j) están restringidos geográficamente. En tercer lugar, los procesos de lexicalización son —en este y en otros muchos casos— de naturaleza gradual. En uno de los extremos de la escala aparecen voces como atiza, venga, meta o sopla, que no se registran con variantes de persona. En el otro extremo están imagínate, mira o viva, que las admiten sin dificultad:

Interjecciones formadas a partir de verbos que presentan un mayor grado de lexicalización: arrea, atiza, joder (malsonante), sale, sepa32.5j), sopla, ta (de estar, también tate, de estate), toma (también tomá), vale, venga (también viene: § 32.5j).

Interjecciones formadas a partir de verbos que presentan un menor grado de lexicalización o que se hallan en un estadio intermedio en ese proceso: anda (también andá, ándale, ándele), calla (también calle), imagínate (también imaginate, imagínese, imagínense), meta32.5j), mira (también mirá, mira tú, mirá vos, mire usted), oye (también oiga), quita (también quite, quita ya, quite allá), va (también ya va, vamos, vaya).

Algunos verbos presentan formas del primer paradigma (dale que dale) y del segundo (dale, dele). Las voces de este segundo grupo no se consideran simples imperativos, en los usos pertinentes aquí, ya que presentan diferencias sintácticas y semánticas con ellos. Por ejemplo, si la forma imagínate no estuviera sometida a un proceso gradual de lexicalización, se diría, a tu primo en lugar de tu primo en Si tú tienes problemas económicos, imagínate tu primo. A ello cabe añadir que con muchas de estas formas no se solicitan las acciones que denotan los imperativos correspondientes (dale, fíjate, mirá, etc.). Se ejemplifican a continuación algunas voces de los dos paradigmas:

Sí, venga, date un poco de prisa (Gutiérrez Aragón, Morirás); Nana: ¿Pero no se acerca? Moss: ¡Y dale! ¡Qué manía con acercarse!… Lo estoy siguiendo todo perfectamente… (Vallejo, A., Eclipse); Ventura: ¿Qué es eso? Torrija: ¡Dale molino! ¿No lo ves? Un barrigón como una catedral (Rellán, Crónica); —¡Oye! —le reprochó Maricarla—, ¿me estabas vigilando? (Álvarez Gil, Naufragios); Siempre presumió de no saber quién era el padre de Cipriano. —Vete a saber —reía a quien le preguntaba— (Cebrián, Agonía); ¿Irme solo por estos andurriales? ¡Quita, chico, no saldría con vida! (Mendoza, Verdad); ¡Atiza!, si ya ha leído una página. ¡Qué tío! (García Pavón, Liberales); Hl chayo: Ya vas, Mosco, a ver quién es el que conoce más lugares de esos. El mosco: (Sintiéndose a salvo del peligro por un rato.) ¡Sale! Comienzo yo (Salcedo, Viaje); —No. Se mató ella misma. —¡Sopla! ¿Y por qué? (León, R., Cristo); ¡Arrea! ¡Pero si resulta que la pistola estaba cargada! (Jardiel, Amor).

32.5i Como se comprueba en la relación anterior, algunas de estas interjecciones admiten variación en las segundas personas (anda ~ ande ~ andá; imagínate ~ imagínese ~ imagínense ~ imaginate; mira ~ mire ~ mirá; quita ~ quite ~ quitá), pero otras la rechazan, ya sea porque están más gramaticalizadas, o porque tienen exclusivamente valor expresivo y no se orientan al oyente: arrea, atiza, toma (como expresión de sorpresa). La interjección viva mantiene con mayor claridad que otras sus propiedades verbales. De hecho, la estructura «viva + grupo nominal» corresponde a una oración optativa (§ 42.4n) que la concordancia de número y persona aún pone de manifiesto: ¡Viva la novia!; ¡Vivan los novios! Los gerundios usados con valor ilocutivo (¡Marchando!; ¡Andando!), analizados en los § 27.2i-k, se asimilan en parte al paradigma de las interjecciones apelativas. Expresan actos verbales ciertos participios (¡Hecho!; ¡Decidido!), que se estudian en los § 42.2r y 42.13x. Debe advertirse, no obstante, que estas formas verbales no constituyen paradigmas cerrados, como se muestra en esos apartados.

32.5j Algunas de las interjecciones creadas a partir de formas personales del verbo están circunscritas a ciertas áreas, como las mostradas en variantes con voseo. Tampoco es general la interjección viene, que se usa en Puerto Rico y otros países antillanos como expresión de ánimo. En cuanto a sepa (formada a partir del imperativo del verbo saber), se emplea en México y parte de Centroamérica con el sentido de quién sabe o de vaya usted a saber, igualmente fórmulas lexicalizadas: El Timbón: —¿Cuánto llevamos de camino? […] El Mosco: —Sepa. Ya ni me acuerdo (Salcedo, Viaje). Dale alterna con meta y metele en una parte del área rioplatense: Rafael: Dale, metele que no tengo mucho tiempo (Campanella / Castets, Hijo). En esta misma área lingüística, meta alterna también con venga (pero sin la preposición a) en fórmulas coordinadas, como en Ahora faltaría el caso del cirujano que, meta y meta lijar la frente de algún paciente, se encuentre de repente con una bala (Clarín 23/2/2005).

32.5k Todas las interjecciones mencionadas admiten usos plenamente verbales en otros contextos. Es muy variable la diferencia que se obtiene al comparar su significado como tales formas verbales y el que adquieren en su uso interjectivo. Así, el verbo fijarse mantiene el complemento de régimen en ¡Fíjate en Iván!, pero lo omite en ¡Fíjate Iván!, pauta característica de su uso como locución (se retomará esta cuestión en el § 32.8a). Existen otros indicios sintácticos de este cambio. Así, la posición de los sustantivos subrayados en ¡Mira Iván lo que dice ahora! o ¡Imagínate Pepe lo que haría con ese dinero! resulta anómala con otros imperativos que no admiten usos interjectivos: *Averigua Iván lo que está haciendo ~ Averigua lo que está haciendo Iván. Repárese, en el mismo sentido, en que no se pide exactamente al oyente que imagine algo en Se llamaba Sócrates, imagínate qué nombre para un policía (Allende, Eva), en el que la expresión subrayada podría alternar con vaya nombre, menudo nombre, etc.

32.5l A partir del verbo haber se formó la pauta exclamativa «mal haya + grupo nominal», para expresar disgusto, lamentación o grave contrariedad. Fue muy usada en la literatura española europea hasta el siglo xvii, aunque se registra en ocasiones en los siglos posteriores:

¡Mal haya quien en promesas / de hombre fía! (Bécquer, Leyendas); ¡Mal haya la araña que a mí me picó! (Chacón, Voz).

Esta expresión se lexicalizó en la interjección malaya o malhaya, usada en muchos países americanos, así como en algunas zonas del sur de España:

¡Malhaya la piedra que me aplastó el pie que ahora arrastro! ¡Malhaya mi cansancio, malhaya mi impotencia! (Scorza, Tumba); ¡Malhaya la tierra donde creció el árbol que sacó la rama que tal flecha dio! (Sanchis, Retablo); ¡Ah!, ¡malhaya! Del monte venía el ladrido (Uslar Pietri, Hombres); ¡Malaya la hora en que le permití a mi amigo dejarse aconsejar de ese traidor de sotana! (Victoria Zepeda, Casta).

Perdida la conciencia de su etimología, la interjección evolucionó hasta llegar a expresar deseo vehemente, y de esta forma se usa en el Caribe continental. En este mismo sentido se emplea la variante amalaya que se registra en esta misma área, además de en la rioplatense y en la andina: ¡Amalaya y me hallara yo un entierro pa’ salí de pobre! (Araújonoguera, Lexicón). Como se ve, la presencia del adverbio mal se ha desvanecido en este nuevo uso, hasta el punto de que la interjección se emplea en el sentido opuesto, muy próximo a ojalá.

32.5m En los apartados anteriores se presentaron algunas muestras del paso «verbo > interjección». El proceso inverso («interjección > verbo») forma parte de los esquemas derivativos. Las interjecciones constituyen, en efecto, una base bastante productiva entre las que dan lugar a verbos derivados, como en arre > arrear; aupa > aupar; buf > bufar. También las onomatopeyas dan lugar a este proceso, como en pío > piar; uh o > aullar.

32.5n Existe una estrecha relación entre las categorías de interjección y adverbio. De hecho, algunos autores han propuesto que los adverbios y las locuciones adverbiales de afirmación (sí, claro, por supuesto, desde luego) y negación (no, en absoluto, de ninguna manera, para nada) deberían reinterpretarse como interjecciones, ya que, como los demás miembros de esta clase de palabras, dan lugar a actos verbales. La cuestión es, sin embargo, polémica. En efecto, se duplicarían de manera innecesaria las categorías si se afirmara que la expresión subrayada en La situación no había cambiado en absoluto es adverbio, y que es, en cambio, interjección cuando se usa para responder a la pregunta ¿Había cambiado la situación? De modo similar, aunque sea cierto que la locución adverbial por supuesto se utiliza para asentir, puede aparecer también en el interior de una relativa, como en el siguiente texto (parece tratarse de un inciso pero la cita no contiene comas): Devolví las copias, no los originales, en las que por supuesto omití los datos que podían revelar las pistas de la exploración (Roa Bastos, Vigilia). Otros autores sugieren que ha de aceptarse, al menos, la interpretación del adverbio de afirmación como interjección asertiva cuando se usa para responder preguntas, ya que, cuando se emplea como adverbio de foco delante de un grupo verbal (Ella sí aceptaría), expresa un significado considerablemente distinto del que presenta como adverbio de afirmación (Sí, ella aceptaría). Aunque el razonamiento es correcto, suele entenderse que el adverbio de afirmación permite la omisión de un grupo verbal, al igual que otros adverbios (por tanto, Yo sí Ø; Yo también Ø; Yo tampoco Ø, etc.). Esta propiedad no es compartida por las interjecciones.

32.5ñ No se asimilan tampoco a las interjecciones los adverbios que se usan libremente como expresiones exclamativas, sea para ordenar algo (¡Aquí!; ¡Fuera de esta casa!; ¡Lejos de mi vista!; ¡Más cerca!; ¡Más despacito!) o para manifestar diversas reacciones emotivas (¡Muy bien!; ¡Qué deprisa!). Se han integrado, en cambio, en las interjecciones otros que muestran usos lexicalizados, como arriba en ¡Viva Isabel la Católica! ¡Arriba la reina milagrosa! (Santana, Isabel) o ¡Adelante!, que se usa para transmitir ánimo. Aun así, la cuestión a la que se hace referencia es polémica, y expresiones como claro son analizadas por unos autores como adverbios y por otros como interjecciones. Como criterio general, se optará aquí por el análisis que reduce el paradigma de los adverbios convertidos en interjecciones, y amplía o abre el de los que admiten usos exclamativos. Ello permite que una expresión adverbial constituya enunciados sin pasar a formar parte del grupo de las interjecciones. De forma similar, no se interpretarán aquí como locuciones interjectivas los usos apelativos de los grupos preposicionales que constituyen por sí solos enunciados exclamativos (¡A la guerra!; ¡Hacia el sur! ¡Por allá!), puesto que no forman paradigmas cerrados y pueden ser construidos libremente con procedimientos sintácticos. Se analizará, en cambio, como interjección la expresión ¡Enhorabuena!32.6h), creada por la lexicalización de un grupo preposicional.

32.5o La posición que ocupa ojalá entre las interjecciones es muy inestable. Esta partícula proviene del árabe hispánico law šá lláh (‘si Dios quiere’). Condensa, pues, una oración optativa (§ 42.4e y ss.). Aun así, perdida entre los hablantes la conciencia de su etimología, se usa también la variante ¡Ojalá Dios quiera!, sobre todo en México, Centroamérica y el área caribeña: No me arrepiento, ojalá Dios quiera. Ojalá (CREA oral, Venezuela). En esas mismas áreas (y también en Chile y otros países americanos) es asimismo común la variante ojalá y, como en Ojalá y su boca dijera verdad (Ramírez, Baile). No es seguro que haya influido en su formación la existencia de interjecciones como caray, velay y otras que muestran el mismo diptongo en posición final. Sobre la variante esdrújula de ojalá, recuérdese el § 32.3e.

32.5p Las propiedades sintácticas de ojalá son peculiares. Comparte algunas con las interjecciones, pero posee otras en común con los verbos y con los adverbios. En efecto, ojalá es una expresión exclamativa con valor ilocutivo. A la vez, es inusual que una interjección rija subjuntivo en la oración que introduce. Ojalá lo hace, pero, además, admite optativamente la conjunción que:

Se llamaba (ojalá que se llame todavía, aunque sea ahora una anciana […]) Isabel Miranda (Cabrera Infante, Habana); Ojalá tenga un buen parto y no le pase nada (Marsé, Rabos).

Esta pauta opcional es característica de una serie reducida de verbos, como se estudia en los § 43.3b-j. También induce subjuntivo así en las exclamativas que constituyen imprecaciones, como en Así te mires con las tripas salidas y enredadas entre las patas (Chávez, Batallador), pero no alterna en ellas con así que. Aunque así es un adverbio, este uso suele considerarse interjectivo, ya que comparte la estructura sintáctica de ojalá.

32.5q La construcción «ojalá + oración subordinada» es herencia de la etimología de esta partícula. De hecho, la oración expresa el contenido de lo que se desea, como si estuviera introducida por una forma verbal. Repárese, además, en que a partir de las subordinadas sustantivas es posible formar oraciones con relativos desplazados fuera de su oración (§ 22.2q y 22.17q y ss.). Así, se subraya el complemento directo de toque en el premio de la lotería que deseas que te toque, situado fuera de la oración de deseas. Esta propiedad es compartida por ojalá, pero no por así. En efecto, en el primero de los textos que siguen se subraya el sujeto de fuera; en el segundo, el complemento directo de medites y practiques; y en tercero, el de hubiese descubierto:

[…] dibujando un sol que ojalá fuera tan espontáneo y luminoso como el que traza mi nieta con sus insólitos e insolentes colores (Benedetti, Primavera); En la sabiduría china hay un refrán que ojalá medites y practiques (País [Col.] 5/11/1997); […] mil cosas más que siempre me ocultó y que ojalá hubiese descubierto yo a tiempo (Bryce Echenique, Martín Romaña).

Así pues, ojalá pone aquí de manifiesto una propiedad característica de los predicados verbales, pero rara fuera de ellos.

32.5r Finalmente, ojalá se usa como expresión autónoma en las réplicas y en las respuestas: ¿Vivieron una hermosa pasión Charles y Madeleine? Ojalá (Vargas Llosa, Paraíso). En esta respuesta se elide la oración que corresponde a la pregunta. Esta pauta es característica de los adverbios de afirmación y de negación, como se recordó en los apartados precedentes. Entre los gramáticos se ha defendido tradicionalmente que ojalá es una interjección, pero también que es un adverbio. Se aceptará aquí la primera opción, al igual que en «así + subjuntivo» (véase, más adelante, el § 32.8), aunque, como se hizo ver anteriormente, es peculiar esta partícula en la clase gramatical de las interjecciones, ya que algunos de sus rasgos son compartidos por otras clases de palabras.

32.5s El grupo 4 del § 32.5a corresponde a los adjetivos. Se forman a partir de adjetivos las interjecciones bravo, bueno, claro o largo, entre otras:

¡Bravo! ¡Ya estás aprendiendo a jugar con las palabras! (Purroy, Desertor); Bueno, hijo, ni que fuera un mal incurable (Martínez Mediero, Lola); ¡Claro! Cómo no caí en cuenta antes. ¡La muerte del viejo Demetrio! (Navajas, Agonía).

Cabría añadir a este grupo seguro (que a veces alterna con de seguro), pero parece preferible considerar este uso como una variante del adverbio seguro (como en Vendrá seguro): joven: […] Pero no importa. Yo creo que me quiere. viejo: ¡Seguro! (Lorca, Años). La interjección alto, que parece corresponder también a este paradigma, procede de un sustantivo (alto ‘parada’: un alto en el camino): ¡Alto! Está faltando a la verdad. ¡Está mintiendo! (Leñero, Martirio). No se consideran interjecciones los usos exclamativos de los adjetivos que expresan valoración, como ¡Magnífico!; ¡Extraordinario!; ¡Estupendo!; ¡Macanudo!; ¡Bárbaro! (los dos últimos, sobre todo en el área rioplatense); ¡Chévere! (en Venezuela); ¡Regio! (en muchos países americanos), ya que forman un paradigma abierto. Existen más dudas en el caso de cierto y lógico, que unos autores sitúan en este último grupo, y otros en el de bravo o claro. El que sean escasos los adjetivos que se usan con sentido apelativo hace pensar que forman un grupo particular dentro de las construcciones exclamativas (§ 42.13), no necesariamente entre las interjecciones: Pero él repite parsimonioso: “tranquilo, muchacho, es un zángano inofensivo” (Berlanga, Gaznápira).

32.5t Se forman otras interjecciones y locuciones interjectivas a partir de oraciones exclamativas, como qué va, que expresa negación. Ca o quia se crean a partir de ¡Qué ha (de ser)!:

Y yo pensando que la Iglesia andaba en más bancarrota que el comunismo… Qué va, está viva, respira (Vallejo, F., Virgen); Estoy seguro de que usted se lleva bien con todo el mundo. —Ca, no lo crea, hijo (Mendoza, Verdad); Coral: Es que he tocado mal. Lázaro: ¡Quia! Eres ya una solista excelente (Buero, Lázaro).

En el § 32.6 se describirán otras locuciones interjectivas creadas por la inmovilización de oraciones, y también de grupos preposicionales (como en hasta luego, hasta la vista).

32.5u Un gran número de interjecciones, tanto nominales como verbales, se crean como eufemismos para evitar voces malsonantes. Están entre ellas las siguientes:

demontre (de demonios); diantre o dianche (por diablo); mecachis, mecachis en diez, mecachiendiez, me cacho en diez (por me cago y por me cago en Dios); pardiez (en lugar de por Dios); buñeta (por puñeta); cará, caracho, carape, caramba, caray, carijo (por carajo); concho (por concha); joroba, jo, jope, jopé, jobar, jolines (por joder), miércoles, mierdolaga (por mierda); ostras (por hostias); coñe y poño (por coño).

Cabe agregar púchica(s), a la púchica, hijuepúchica, en parte de las áreas andina y centroamericana (por pucha ‘puta’ o ‘hijo de puta’).

 

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española:
Nueva gramática de la lengua española [en línea], https://www.rae.es/gramática/sintaxis/la-interjección-y-otras-clases-de-palabras. [Consulta: 22/06/2024].

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