Cigüeña (foto: Pixabay)

NUEVO DICCIONARIO HISTÓRICO DEL ESPAÑOL

La vida de las palabras: «cigüeña»

3 de Febrero de 2021

«Por San Blas, la cigüeña verás, y, si no la vieres, año de nieves»

¿Cuál es el origen de las palabras? ¿Cómo ha evolucionado su uso? En una nueva edición de «La vida de las palabras», una serie de artículos dedicados a bucear en los orígenes de algunos vocablos, hablamos de cigüeña. Recuerde que el Nuevo diccionario histórico del español ofrece esta información pormenorizada gracias a exhaustivos métodos en los que confluyen la lingüística, la filología y la informática. 

Alrededor del 3 de febrero comprobaremos si el frío es tan intenso que nos impide ver bandadas de cigüeñas de vuelta a España, tras pasar los meses más rigurosos del invierno en zonas más cálidas. Esta palabra, cigüeña, se documenta por primera vez, en referencia al ave zancuda, alrededor de 1275, en la General estoria de Alfonso X. A lo largo del tiempo se atestigua también acompañada de algunos modificadores, como negra, americana, oriental o lanuda, y de complementos como de Abdim o de Storm para referirse a distintas especies de aves, fundamentalmente de los géneros Ciconia y Ephippiorhynchus (las de este último género también reciben el nombre de jabirú).

El NDHE nos muestra que esta voz se ha empleado, a lo largo de los siglos, para designar una máquina que sirve para sacar agua de los pozos, un tipo de arado, una estructura de hierro sobre la que se asientan los muelles de los carruajes o un organillo. Quizá resulta más curioso constatar que en el siglo xx se empleó para referirse a una persona que suministra información de manera confidencial; con este valor figura en un artículo recogido en La Correspondencia Militar (Madrid) firmado con el seudónimo Hericlée Darclée y titulado «Noticias musicales. Dice Saint-Aubin y Bonnefon en el Heraldo» («De mi encantadora cigüeñita. A la salida del Real me dijo: —Esta semana volverás para escuchar un concierto en el Real, porque la señora de mi antigua morada ha dado órdenes para que se celebre el viernes por la noche uno en honor del archiduque Federico, con arreglo al siguiente programa...»). Parece que este uso se debe a Alejandro Saint-Aubin, que publicaba, principalmente, críticas musicales en El Liberal y El Heraldo de Madrid, del que era dueño su cuñado, el político José Canalejas, quien, según contaba en sus artículos, tenía una cigüeña o cigüeñita que le informaba de noticias que sucedían en el mundo musical de la época. Fue tanta la repercusión que tuvo su confidente que la acepción pasó a ser usada por otros críticos y periodistas del momento.

En Paraguay se usa también para referirse a un camión empleado para transportar otros vehículos de menor tamaño, como muestra un artículo de ABC Color (Asunción) del año 2013 («La consabida historia de la cigüeña transportadora de las camionetas paraguayas del Dakar se ha convertido ya en un cuento de nunca acabar, pero afortunadamente con final feliz»).

Y el nacimiento de la locución llegar (venir o visitar) la cigüeña, como ‘tener un bebé’, se remonta a la traducción de Elvira Adocht. Novela de un poeta danés, publicada en 1841 como folletín en El Constitucional (Barcelona). La leyenda de que las cigüeñas traen a los bebés procede seguramente del hecho de que tradicionalmente se ha considerado un ave muy familiar, fiel a su pareja, que cuida de sus hijos, así como de sus padres cuando son mayores. La literatura inmortalizó la leyenda con el cuento «Las cigüeñas», de Hans Christian Andersen.

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