Xilófono (foto: Pixabay)

DICCIONARIO HISTÓRICO DE LA LENGUA ESPAÑOLA

La vida de las palabras: de xilófonos, balafos y chalapartas

21 de Junio de 2021

Para celebrar el Día Europeo de la Música, el Diccionario histórico de la lengua española (DHLE) nos invita a dirigir nuestra mirada a instrumentos de percusión formados por láminas de distintos tipos y materiales. Quizá uno de los más conocidos es el xilófono (xilofone o xilofón), conformado por una serie de láminas de madera o de metal, ordenadas horizontalmente según su tamaño y sonido, que se toca con dos baquetas; en La Correspondencia de España, en 1867, se informa de un concierto en que las «célebres violinistas» Delapierre «ejecutarán en dicha noche la gran fantasía sobre la ópera Sonámbula; variaciones brillantes y final de Guillermo Tell sobre el xilofono».

Menos conocido es el balafo (también denominado balafón) que, a diferencia del xilófono, dispone de un resonador de calabaza situado debajo de las láminas que lo componen; este curioso instrumento se describe así en un artículo de La Época en 1863: «El capitán del buque Augusto y Jorge, recientemente llegado de Gorea, ha traído una curiosa muestra de los instrumentos de música que emplean los negros del Senegal. Este consiste en una especie de teclado dispuesto como la flauta de Pan, ó sean diez y nueve latas ó pedazos de madera que van disminuyendo paulatinamente, colocados en un plano horizontal. Esas latas, vaciadas por debajo, corresponden á dos líneas de calabazas y limones de grandes dimensiones, huecos y sonoros, cuya intensidad es diferente cuando vibran á impulsos de dos especies de baquetas de tambor. Es una armónica gigantesca, de construcción muy rara, pero cuyo arreglo revela bastante ingenio y paciente combinación. Los negros llaman á este instrumento balafon, y les sirve en Gorea y en el interior del país para dirigir las bámbulas y otros bailes indígenas».

Por su parte, chalaparta, voz de origen euskera, se atestigua en 1882 (antes que el préstamo txalaparta, registrado en 1962), en Fabricación de la sidra en las provincias vascongadas, de S. Aguirre Miramón, obra en la que se explica que la música de la chalaparta se vincula a una de las fases del proceso de elaboración de la sidra: «Costumbre antiquísima es en Guipúzcoa, y se observa aun en nuestros días, que al finalizarse la tarea de la majada ó trituración de la manzana se solemniza por los operarios del lagar con unos toques singulares sobre maderos: estas manifestaciones de regocijo se conocen con el nombre de Chalaparta. Colócanse dentro ó fuera de la casa-lagar, en punto adecuado y próximos uno de otro, dos tablones del servicio de la prensa, sobre piedras ó tarugos puestos en los extremos de los mismos para evitar su contacto con el suelo: de esta manera quedan los tablones suspensos y con hueco suficiente para la vibración. Situados de pie dos hombres con un palo en cada mano dan golpes á los tablones haciéndoles producir con este choque distinto sonido ó tono: estos golpes guardan compás parecido al de dos por cuatro en la música y no obstante su mayor ó menor número obedecen todos á la unidad, siendo bajo este concepto agradables al oído: los sonidos son mas ó menos claros según las condiciones de los tablones, su colocación y la habilidad de los individuos».

Por último, el vibráfono, de documentación reciente en español (el primer testimonio data de 1932) se distingue por sus láminas metálicas con resonadores eléctricos. Según indica E. Jáuregui en Pa’ bravo yo. Historias de la salsa en Perú (2011), texto incluido en el CORPES XXI, es este un «instrumento característico del jazz latino» y, precisamente, asociado al vibrafonista Lionel Hampton se presenta en Rayuela (1963), de J. Cortázar: «El vibráfono tanteaba el aire, iniciando escaleras equívocas, dejando un peldaño en blanco saltaba cinco de una vez y reaparecía en lo más alto, Lionel Hampton balanceaba Save it pretty mamma, se soltaba y caía rodando entre vidrios, giraba en la punta de un pie, constelaciones instantáneas, cinco estrellas, tres estrellas, diez estrellas, las iba apagando con la punta del escarpín, se hamacaba con una sombrilla japonesa girando vertiginosamente en la mano, y toda la orquesta entró en la caída final, una trompeta bronca, la tierra, vuelta abajo, volatinero al suelo, finibus, se acabó».

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