Marmota (foto: Pixabay)

NUEVO DICCIONARIO HISTÓRICO DEL ESPAÑOL

La vida de las palabras: «marmota»

1 de Febrero de 2021

A principios de febrero se suelen publicar reportajes sobre el día de la marmota, una curiosa tradición que, basándose en el comportamiento de este animal al salir de su hibernación, intenta determinar la duración exacta de esa estación (el invierno). Repasamos la vida de esta palabra gracias al Nuevo diccionario histórico del español, que ofrece esta información pormenorizada gracias a exhaustivos métodos en los que confluyen la lingüística, la filología y la informática. 

Para designar a este mamífero de la familia de los esciúridos, la palabra tiene una larga historia en español, puesto que se registra en 1497, en la Égloga de Fileno, Zambardo y Cardonio de J. del Encina. En los testimonios registrados en el NDHE se puede comprobar que este animal se relaciona, en muchas ocasiones, con los habitantes del Piamonte o de la región histórica de Saboya, puesto que, al parecer, conseguían domesticar a las marmotas y se dedicaban a ir de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, haciéndolas bailar y así conseguían subsistir. En 1780, en la Historia antigua de México, de F. J. Clavijero, se hace referencia a la «marmota del Canadá» y a partir de este momento en distintas obras se registra la voz marmota con los modificadores americana canadiense (o con el complemento de Canadá), para referirse precisamente a la especie Marmota monax, la protagonista del conocido día de la marmota.

Como suele ser habitual, el comportamiento del animal (o atribuido a él) es fuente de acepciones metafóricas y así, en 1851, ya se localizan testimonios de esta voz para referirse a una ‘persona que duerme mucho’, en una pieza de J. Santín Quevedo publicada en La Ilustración—Oyes, Federico, pronto llegamos á Aranjuez, darás el brazo á tu preciosa deidad, yo á la mía, su papá presentará el suyo á aquella interesante señora del rincón, señalando á una marmota que roncaba estrepitosamente, recorreremos los jardines, veremos la casa del Labrador»). Consecuentemente, dormir como una marmota es, al igual que dormir como un lirón, ‘dormir profunda o plácidamente’, como se explica, en 1803, en la traducción al español de Conversaciones de un padre con sus hijos sobre la historia natural, obra escrita originariamente en francés: «El menor: Papá, ¿por qué se dice: duerme como una marmota? ¿estan acaso mucho tiempo dormidas? El padre: La marmota cae, como el liron, en un estado de entorpecimiento quando se acerca el invierno; pero antes de entorpecerse cierra la entrada de su madriguera para que nada pueda penetrar en ella, se enrosca despues, y se duerme».

Consecuentemente, el verbo marmotear se empleará también con la acepción ‘dormir mucho o estar acostado de manera ociosa’ desde principios del siglo xx, pues ya en 1909, en la traducción de «Ladrón de amor, novela original de Marc Mario (continuación) [...]. Capítulo XVI. Familia infantil», publicada por capítulos en la Ilustración Artística, se indica que una «niña marmoteaba en su cunita». Aunque no es muy frecuente, se documenta con este valor en nuestros días y, así, en un artículo publicado en El Mundo en 2016 podemos leer: «Todas las risas entre amigos, los cubatas por aquí y por allá, la música y los miles de bailes en la pista que tiene una noche de fiesta lo puede llegar a eclipsar el resacoso día siguiente... Una mañana dedicada exclusivamente a marmotear con un único objetivo: sobrevivir. Lo de que el día después no compensa la fiesta de la noche anterior es una opinión que comparten muchas personas». 

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