Tortuga (foto: Pixabay)

DICCIONARIO HISTÓRICO DE LA LENGUA ESPAÑOLA

La vida de las palabras: «tortuga»

16 de Junio de 2021

¿Cuál es el origen de las palabras? ¿Cómo ha evolucionado su uso? ¿Cómo se llegó a su significado actual? En una nueva entrega de «La vida de las palabras», una serie de artículos dedicados a bucear en los orígenes de algunos vocablos, hablamos de tortuga. Recuerde que el Diccionario histórico de la lengua española ofrece esta información pormenorizada gracias a exhaustivos métodos en los que confluyen la lingüística, la filología y la informática. 

En referencia a un «reptil marino con el cuerpo cubierto por un caparazón que protege sus órganos internos y con extremidades en forma de aleta», se emplea la voz tortuga desde finales del siglo xv; así, en el Diario del primer viaje de Colón (1492-1493) se indica, precisamente, que «en toda esta tierra ay muchas tortugas, de las cuales tomaron los marineros en el Monte Cristi que venían a desovar en tierra, y eran muy grandes como una gran tablachina» (1492-1493). No obstante, tortuga, voz de etimología dudosa (quizá procedente del femenino del latín tardío tartarūchus ‘demonio’ y este, a su vez, del griego tartaroûchos ‘habitante del Tártaro o infierno’, según indican Corominas y Pascual en el DECH), se atestigua por primera vez, como denominación de un reptil, en la Traducción de las Vidas Paralelas de Plutarco (1379-1384), de J. Fernández de Heredia y en el Libro de Palladio. BNM 10211 (1380-1385) de Ferrer Sayol; estos primeros testimonios, procedentes del área oriental de la península ibérica, permiten inferir que, como se indica en el DECH (s. v.), «tortuga en castellano es palabra moderna y seguramente importada, pues el viejo nombre autóctono era galápago».

El DHLE permite asistir a los principales avatares de la vida de la palabra tortuga, pero también a la trayectoria biográfica de otros vocablos, como baula, caguama, carey, fanduca, golfina, kikila, laúd, parape y parlama (paslama), que designan distintos tipos de estos reptiles marinos. En 1787, Parra menciona, en su Descripción de diferentes piezas de historia natural, «la caguama» y, poco después, en 1794, en El Correo Mercantil de España y sus Indias, se advierte que se captura «con otra especie de red que llaman trasmayo». Al menos desde 1964 caguama se emplea en México para referirse a una ‘botella de cerveza de aproximadamente un litro de capacidad’, como muestra un artículo de El Informador (Guadalajara); otro artículo, firmado por L. Carreño y publicado en Excélsior (Ciudad de México) en 2018, explica el motivo de esta denominación: «En esa parte del norte de México, donde se producía esta cerveza de talla familiar, la convivencia con las tortugas, debido a la posición geográfica, era el pan de cada día —o la cerveza de cada día—.

»Lugares como Sinaloa y Sonora desarrollaron platillos característicos de la región, usando como base la carne de tortugas bobas —una especie del género Caretta—, también conocidas como cayume, cabezonas o —y aquí es de donde nace todo—, caguamas. Estos platillos, como la Cahuamanta, se realizaban utilizando carne de estas tortugas, hasta que este animal pasó a formar parte del listado de especies en peligro de extinción. [...] Es así que el nuevo nombre de las cervezas familiares llegó gracias a las tortugas que visitaban las costas mexicanas. Las tortugas bobas suelen venir y desovar en esta parte de México, son enormes y por sus colores encajaron perfecto en la percepción visual que se tenía de las cervezas familiares. De esta manera se transformó la popular botella familiar de 940 mililitros en “La caguama” y con ella su consumo se disparó, convirtiendo este tamaño en un referente categórico para varias marcas de cerveza que después tuvieron a bien diseñar vertientes como “el caguamón” o la “super-caguama”, cayendo en el terreno fantasioso de una enorme y bella tortuga que viene a vacacionar a México».

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