Pandereta (foto: Pixabay)

NUEVO DICCIONARIO HISTÓRICO DEL ESPAÑOL

La vida de las palabras: «zambombas» y «panderetas»

14 de Diciembre de 2020

¿Cuál es el origen de las palabras? ¿Cómo ha evolucionado su uso? ¿Cómo se llegó a su significado actual? En una nueva entrega de «La vida de las palabras», hablamos de panderetas y zambombas, dos términos inherentes a la Navidad y, sobre todo, a sus villancicosRecuerde que el Nuevo diccionario histórico del español ofrece esta información pormenorizada sobre las palabras gracias a exhaustivos métodos en los que confluyen la lingüística, la filología y la informática. 

Efectivamente, dos de los instrumentos que reinan en los tiempos navideños son las zambombas y las panderetas. Allá por el siglo xvii (en los Villancicos que se han de cantar en la Santa Yglesia Apostolica, y Metropolitana de Granada, de L. de Garay) arranca la historia de la voz zambomba en español, empleada para referirse a un instrumento musical popular que, en el Diccionario de autoridades (1739), se caracteriza como un ‘instrumento rústico usado por lo regular entre Pastores, formado con una piel á modo de tambór, y en ella incluido un palo, que moviendole con la mano, forma un ruido sonoro; pero desapacible, y áspero’. Hoy asociamos los sones de este instrumento con la Navidad, aunque, en un artículo fechado el 12 de noviembre de 2016 y publicado en La Vanguardia, S. Quadrado contrasta la temprana acumulación de «turrones, mazapanes, trufas de chocolate y mantecados» en los lineales de los supermercados con la ausencia de las zambombas («¿Qué se habrá hecho de las zambombas? ¿Alguien recuerda haber tocado la zambomba?»). Y ya Rosa Chacel, en Desde el amanecer: Autobiografía de mis primeros diez años (1972), declaraba: «Mi madre y yo cantábamos villancicos, acompañándonos con panderetas; zambombas no, el ruido de la zambomba me crispaba los nervios». Ya en el siglo xviii se registra el uso de zambomba como una interjección para expresar sorpresa, en La batida (1760) de Ramón de la Cruz.

También en el siglo xvii se localizan los primeros testimonios de pandereta como nombre de un instrumento musical de percusión, en el Desengaño y reparo de la guerra del reino de Chile de González Nájera, aunque habrá que esperar al xix para poder hablar de un empleo generalizado de esta voz. Con esta acepción, pandereta se incluye frecuentemente en comparaciones para ponderar el carácter alegre de alguien o de algo; también se registran algunos ejemplos donde se compara con panderetas a personas con la cara redonda. Probablemente a través de un proceso metafórico, a partir de la forma del instrumento musical o de su capacidad para producir sonidos, pandereta pasó a designar en Colombia un ‘adorno que se pone generalmente en el lóbulo de la oreja’ (un tipo de pendiente), acepción que se documenta en Manuela (c. 1858) de E. Díaz de Castro. Como ‘lata de conservas de pescado parecida, por su forma, a una pandereta’ se registra desde 1932, en un artículo del diario ABC («Los últimos regalos recibidos son los siguientes: [...] magnífica pandereta de sardinas prensadas en aceite puro de oliva, elaboración patentada, del fabricante de salazones de Isla Cristina (Huelva) Demófilo Vitorique»).

A la familia de pandereta pertenece panderetólogo, un vocablo creado probablemente con intención humorística y atestiguado, en 1850, en un anuncio de diversos diarios (como el Diario de Avisos o La España) en los que se anuncia la actuación «del señor Miralles, primer panderetólogo de Europa», de quien se afirma que ha sabido sacar un gran partido «de un instrumento al parecer tan vulgar, y que tan repetidos aplausos ha recibido constantemente». Aunque al principio la palabra se emplea para referirse a cualquier persona versada en el arte de tocar la pandereta, después se usa en especial para referirse a estudiantes y componentes de las tunas de las universidades españolas y portuguesas; por ese motivo, cae en desuso a comienzos del siglo xx, por la decadencia de ese fenómeno.

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