CAPÍTULO I. La representación gráfica de los fonemas: el uso de las letras o grafemas

2. Sonidos y fonemas

Las unidades fónicas que se emiten al hablar no se realizan siempre de la misma manera ni son pronunciadas de igual forma por todos los hablantes. Hay diferencias de mayor o menor grado que dependen de múltiples factores, como las características de los sonidos adyacentes, la procedencia geográfica del hablante, la particular configuración de su aparato fonador, la situación comunicativa, etc.

El contexto fónico de cada uno de los sonidos en la cadena hablada influye en su realización concreta, pues esta se ajusta a menudo a las características articulatorias de los sonidos del entorno. Así, por ejemplo, el sonido representado por la letra k se articula de un modo ligeramente distinto según sea la vocal siguiente: si es una i, como en la palabra kilo, el sonido de la k, que se caracteriza por articularse en la parte posterior de la cavidad bucal, adelanta su zona de articulación a la parte anterior, la misma en la que se articula el sonido de la i; en cambio, si la vocal siguiente es una o, como en la palabra koala, el sonido representado por la k mantiene su articulación en la zona posterior de la boca, donde también se articula la o. Las características del sonido representado por la letra b no son las mismas en la palabra cambio que en la palabra loba: en el primer caso, los labios entran en contacto impidiendo momentáneamente la salida del aire; en el segundo, los labios solo se aproximan, sin llegar a juntarse, por lo que el aire fluye sin interrupción.

La procedencia geográfica de los hablantes también tiene repercusiones en la realización concreta de los elementos fónicos. Así, el sonido representado por la letra s se produce de distinta forma según las zonas: en unas áreas, como el centro y norte de España, se articula normalmente apoyando la punta de la lengua en los alvéolos de los dientes superiores, con la lengua en posición cóncava; en otras, como en la mayor parte de Hispanoamérica, Andalucía y Canarias, no es la punta de la lengua, sino el predorso o parte anterior del dorso la que se apoya contra los dientes superiores o sus alvéolos, adoptando la lengua una forma convexa. El sonido representado por la letra j en palabras como jamás o mujer tampoco se pronuncia de la misma forma en todas las áreas hispanohablantes: en unas zonas este sonido se articula en la zona velar, aproximando la parte posterior de la lengua al velo del paladar; en otras, en cambio, retrasa su articulación hacia la zona faríngea y se realiza como un sonido aspirado.

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Los alvéolos son las cavidades de la mandíbula en las que están engastados los dientes. El velo del paladar, también llamado paladar blando, es la cortina muscular que separa la boca de la faringe y en cuya parte central se sitúa la úvula o campanilla.

No obstante, en ninguno de los casos citados como ejemplo los hablantes perciben como unidades distintas las variantes de realización, puesto que las diferencias que existen entre ellas no son relevantes, no implican cambios de significado. Para el hablante, el sonido representado por la letra k es el mismo en kilo que en koala; la palabra loba no varía su significado aunque, por razones expresivas, el sonido de la b se pronuncie juntando completamente los labios, en lugar de simplemente aproximándolos, ni las distintas formas de articular la s de casa o la j de jamás o mujer impiden que los hablantes de cualquier zona reconozcan la misma palabra en todos los casos.

En cambio, los hablantes sí perciben como unidades fónicas diferentes aquellos sonidos capaces de distinguir, en su lengua, un signo lingüístico de otro. Así, en español son distintivos los sonidos representados por las letras b y m porque su alternancia dentro de un mismo contexto fónico produce diferencias de significado: loba (‘hembra del lobo’) no es lo mismo que loma (‘elevación pequeña y prolongada del terreno’).

En consecuencia, la lingüística establece una neta diferencia entre los sonidos, que son las unidades fónicas que efectivamente se articulan al hablar, caracterizadas por el conjunto de todos sus rasgos articulatorios y acústicos, y los fonemas, que son las unidades fónicas abstractas que poseen función distintiva dentro del sistema lingüístico. Los sonidos son realidades físicas concretas, mientras que los fonemas son categorías mentales o abstractas, que se manifiestan en el habla en forma de sonidos.

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Del estudio de los sonidos, de sus mecanismos de producción, de sus características físicas y de cómo son percibidos por el oído, se ocupa la fonética. La fonología, en cambio, se ocupa del estudio de los fonemas, es decir, de establecer, a partir del número teóricamente ilimitado de sonidos del habla, el conjunto limitado y reducido de unidades fónicas distintivas. En las obras lingüísticas, los sonidos se representan mediante signos convencionales escritos entre corchetes, mientras que los signos que representan los fonemas se escriben entre barras. Así, por ejemplo, [b] y [β] son dos sonidos, dos variantes de realización —con cierre total de los labios la primera y con mera aproximación de los labios la segunda— del fonema /b/.

En la escritura del español, como en todas las de tipo alfabético, la finalidad de las letras o grafemas es representar gráficamente los fonemas, no sus múltiples variantes de realización. Gracias a ello, la ortografía de la lengua española es la misma para todos sus hablantes y en todo su territorio, con independencia de las diferencias de pronunciación que puedan darse en el habla por razones contextuales, geográficas o individuales.

     

    Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española:
    Ortografía de la lengua española [en línea], https://www.rae.es/ortografía/sonidos-y-fonemas. [Consulta: 13/06/2024].

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