Samisén (foto: Pixabay)

NUEVO DICCIONARIO HISTÓRICO DEL ESPAÑOL

La vida de las palabras: algunos instrumentos musicales curiosos o exóticos

22 de Febrero de 2021

En el Nuevo diccionario histórico del español se puede asistir a la historia de las palabras que designan distintos instrumentos musicales, como acordeón, flauta, guitarra o piano. Pero, en esta entrega de «La vida de las palabras», queremos dirigir nuestra mirada a instrumentos menos conocidos, incluso exóticos.

Entre ellos cabe citar el samisén, popularizado en la película de animación Kubo; el sustantivo que designa este 'instrumento musical de cuerda, propio de Japón, formado por una caja de resonancia rectangular y tres cuerdas, que se toca con un plectro de marfil de gran tamaño' se atestigua por primera vez en la anónima «Traducción del Viaje de Sir Edmundo Broomley en busca de una taza de té, de A. Kaempfen (Henri Este)», publicada en La Moda Elegante (Cádiz) en 1863, con la variante sam-sin. A partir de este momento se registra en textos periodísticos que se centran en la descripción de lugares y costumbres japonesas y, para explicar las características del instrumento, se suele recurrir a su parecido con la guitarra o el laúd. Ese exotismo explica también la gran heterogeneidad formal que muestra la palabra (con variantes como samisén, samicén o samsien, entre otras), que vive en variantes en su proceso de adaptación del término en español.

Otro instrumento curioso es el bucsen, un 'trombón empleado en las bandas militares en el siglo xix y caracterizado por tener el pabellón en forma de cabeza de dragón o serpiente'; se registra, en 1814, en la Escuela completa de música de J. Nonó, con la variante búlsen (bulsen en 1842, en un artículo publicado en el periódico leonés Fr. Gerundio), aunque su vida parece ser breve, pues a partir del año 1900 no parece documentarse en nuestro idioma.

Por su parte, el octobajo es un instrumento de cuerda que destaca por sus extraordinarias proporciones, pues alcanza cuatro metros de altura; esta palabra se atestigua por primera vez en 1855, en la traducción al español del relato de las visitas efectuadas a la Exposición Universal de París de 1855, de A. de la Fage, aparecido por entregas en la Gaceta Musical de Madrid. Esta primera documentación es contemporánea a la presentación oficial del instrumento en la exposición parisina, poco posterior a la invención del propio instrumento, creado por J. B. Vuillaume en 1849. En paralelo a lo que sucede en francés, el instrumento se denomina en español octobajo y octabajo. La voz decae pronto en el uso junto con el instrumento, que resultó efímero por lo poco práctico de sus grandes dimensiones; y, aunque algunos compositores, como Gounod o Berlioz, le concedieran al nuevo hallazgo instrumental algún papel en la sección orquestal en alguna de sus obras, su uso fue muy ocasional. Así, ya en 1918, en monográficos como, por ejemplo, la Organografía general de E. Bosch Humet, se habla del instrumento como objeto de museo.

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