Eduardo Saavedra

Eduardo Saavedra

letra B

Elección

15 de Enero de 1874

Toma de Posesión

29 de Diciembre de 1878

Fallecimiento

12 de Febrero de 1912

Cargo

Tesorero

Eduardo Saavedra

Académico de número

Tarragona, 1829-Madrid, 1912

El 29 de diciembre de 1878 ocupaba su asiento en la RAE el ingeniero, arqueólogo, historiador y arabista Eduardo Saavedra Moragas con el discurso La literatura aljamiada: «La lengua castellana sale de las plumas aljamiadas con especiales giros, ya en el estilo, ya en la sintaxis, ya en el vocabulario» (p. 56). Su amigo, el político y académico Antonio Cánovas del Castillo, al que conoció «treinta y tres años há, que no más tarde que al siguiente día de llegar á Madrid» (p. 60), le dio la bienvenida a la institución: «Lo que primero estimulaba su pasión por la literatura aljamiada era probablemente el dulce sabor arcáico, castizo, ingénuo, delicioso en verdad, que, bajo la pluma de los escritores moros, cobraba nuestra lengua» (p. 61).

Los avances científicos y técnicos de finales del siglo XIX, reflejados también en el lenguaje, obligaron a la Real Academia Española, para no quedarse atrás, a incorporar a sus filas a los expertos en esas nuevas disciplinas. Por ese motivo, Eduardo Saavedra fue llamado a formar parte de la RAE. Nacido en Tarragona el 27 de febrero de 1829, Saavedra fue una de las figuras más polifacéticas y extraordinarias de su tiempo; no solo trazó ferrocarriles, levantó puentes y faros, rehabilitó edificios y excavó Numancia, sino que se ocupó, también, del estudio de las lenguas clásicas y de la geografía.

El «ingeniero humanista» (así lo llamaron en la biografía póstuma que lleva su nombre, Eduardo Saavedra, ingeniero y humanista, 1983) ocupó distintos cargos a lo largo de su carrera. Se dedicó a la enseñanza, primero como catedrático en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid (1854-1862) y, años después, como profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Civil de Madrid. Fue también ingeniero jefe de la Compañía del Ferrocarril de Palencia a Ponferrada y representó a España, en 1869, en varios encuentros científicos; en el Congreso Comercial e Internacional de El Cairo y en la Comisión Internacional para la Ampliación del Canal de Suez. Amigo del político y escritor José Echegaray, que fue designado director general de Obras Públicas en 1869, Saavedra fue nombrado director general de Agricultura, Industria y Comercio (1869-1870) y director de Obras Pública, hasta 1871.

Además de su labor docente y de sus cargos administrativos, Saavedra proyectó los faros de Chipiona, Salmedina y Trafalgar en 1857, colaboró el trazado de carreteras en Asturias, estudió varias vías romanas y localizó la tan discutida situación de la antigua ciudad de Numancia, en el cerro de Garray, en las inmediaciones del río Duero. Su encomiable labor histórica y arqueológica lo llevaron a ser admitido en las filas de la Real Academia de la Historia desde 1862, de la que fue también director desde 1908 hasta su muerte, en 1912. Desde 1862, comisionado por la Real Academia de Historia, participó en las excavaciones de Numancia, hasta 1867. Desgraciadamente, los trabajos quedaron interrumpidos hasta principios del siglo xx, que fueron retomados por el arqueólogo alemán Adolfo Schulten, con el apoyo del propio Saavedra.

Como arquitecto, rehabilitó el viejo edificio de la Real Academia de la Historia e inspeccionó, en 1891, las obras de la nueva sede de la Real Academia Española, en la calle Felipe IV, 4 de Madrid.  Además de ser miembro de ambas academias, lo fue de Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, que presidió durante tres años (1868-1871), así como miembro fundador de la Real Sociedad Geográfica de Madrid y socio de la Academia de las Ciencias de Lisboa.

En la RAE, Saavedra fue tesorero durante once años, desde 1901 hasta su muerte, en 1912. En la contestación al discurso de ingreso de Daniel de Cortázar se ocupó de las nuevas palabras técnicas  «solucionar», «influenciar», «concursar», «presupuestar», etc., y propuso una vuelta a las lenguas clásicas a la hora de plantear las nuevas nomenclaturas.

Debido a su amplio conocimiento en diversas materias, Saavedra publicó obras y artículos bien distintos; desde estudios sobre las iglesias de San Juan de Duero y San Nicolás, en Soria, hasta libros sobre la Teoría de los puentes colgados (1854), La vía romana de Uxama a Augustóbriga (1869), Astrolabias árabes que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional, en la Biblioteca de Palacio y en colecciones particulares, (1875), La geografía de España de Edrisí (1881), Estudio sobre la invasión de los árabes en España, Madrid (1892), El Nilo. Estudios técnicos e históricos, Madrid, (1912), etc.

Eduardo Saavedra, el ingeniero humanista hacedor de puentes, faros y carreteras y apasionado de la literatura árabe, murió en Madrid el 12 de febrero de 1912, tras treinta y cuatro años en el sillón B de la RAE. En 1983, el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos editó un amplio estudio sobre su extraordinaria vida y sugestiva personalidad, Eduardo Saavedra, ingeniero y humanista.

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