Real Academia Española

   

José Casani

José Casani

Madrid, 26 de marzo de 1673 - 12 de noviembre de 1750
Silla G

Académico fundador, forma parte de la nómina que el Diccionario de autoridades recoge en sus preliminares en la breve «Historia de la Real Academia Española», escrita por él mismo.

Calificador del Supremo Consejo de la Inquisición, su visitador de librerías y maestro de Matemáticas en el Colegio Imperial de Madrid, el jesuita José Casani fue el primer ocupante de la silla G.

Perteneció al grupo de los ocho primeros asistentes que, desde 1711, se reunían semanalmente en las tertulias celebradas por el marqués de Villena en su palacio de las Descalzas Reales de Madrid, es decir, dos años antes de la creación de la Real Academia Española.

Casani, «de ingenio fácil y flexible y erudición variada», como relata José Martínez de la Escalera en el Diccionario biográfico español (2011), ingresó en la Compañía de Jesús en 1686. Cursó Filosofía y Teología en Alcalá, y coronó sus estudios en el Colegio Imperial, donde fue profesor de Matemáticas (1701-1732).

En 1705 fue nombrado calificador de la Inquisición y visitador de librerías. En el Santo Oficio destacó, señala Víctor García de la Concha en su obra La Real Academia Española. Vida e historia (2014), «por su cerrada defensa de los bolandistas que […] se dedicaban a limpiar el martirologio cristiano de las milagrerías y falsedades que infestaban las vidas de santos, reales o ficticios. Pero, al mismo tiempo, fue un duro adversario del jansenismo de Bernardo van Espen en los puntos claves de su doctrina».

García de la Concha indica también que Casani atendió a la crónica y a la historia de su congregación en los tres volúmenes de las Glorias del segundo siglo de la Compañía de Jesús (1734-1736) y en la Historia de la provincia de la Compañía de Jesús del nuevo reyno de Granada (1741).

Escribió varias biografías de santos jesuitas, san Estanislao de Kostka (1725) y san Luis Gonzaga (1726) entre ellos, y continuó, señala Alonso Zamora Vicente en su Historia de la Real Academia Española (1999, 2015), «la obra del padre Nieremberg [Varones ilustres de la compañía de Jesús], con dos tomos dedicados a biografías de religiosos de otras órdenes, como hizo con la Vida del Cartujano (1739)».

Asimismo, publicó, como explica García de la Concha, el Tratado de la naturaleza, origen y causas de los cometas, «donde cataloga todos los que se han documentado y fija el “método de observar astronómicamente sus lugares aparentes” […]. Él mismo aparece citado en la Historie de l’Académie Royale des Sciences, del año 1706, como observador, desde el Colegio Imperial, del eclipse de sol que se produjo ese año».

El padre Casani, en palabras de Martínez de la Escalera, «alcanzó además gran fama» con Escuela militar de fortificación ofensiva y defensiva, arte de fuegos y escuadronar (1705), libro en el que desarrolló su preparación matemática.

«Hábil y certero» colaborador del Diccionario de autoridades, en palabras de Zamora Vicente, José Casani se encargó, según relata Martínez de la Escalera, de las letras A, I, J, Y, de parte de Ch, D, K, N, Z, y de las combinaciones Ai, Am, Ay, Ri, Ro, más las voces de matemáticas, de heráldica y de tejedores de seda. También fue quien papeleteó textos de santa Teresa, a fin de extraer algunos que sirvieran para autorizar los usos de las voces definidas en el Diccionario. El propio Casani, en su «Historia de la Real Academia Española», explica la necesidad de que en el Diccionario se aduzcan autoridades que apoyen la calificación de la voz.  Según advierte en el mencionado texto, «la Academia no es maestra, ni maestros los académicos, sino unos jueces que con su estilo han juzgado las voces; y para que no sea libre [arbitraria o sin fundamento] la sentencia, se añaden los méritos de la causa, propuestos en las autoridades que se citan».

José Casani, junto con los fundadores Andrés González Barcia, Bartolomé Alcázar y Vincencio Squarzafigo, formó parte de la comisión encargada de elaborar una planta para regular la construcción del Diccionario, aprobada por el Pleno académico, como señala García de la Concha, con el título de «Planta ideada por los comisarios nombrados por la Academia, del método que se puede observar en la composición del nuevo Diccionario de la lengua española».

Casani fue, junto con González Barcia, el único de los fundadores que vio terminado el Diccionario (1726-1739). Él se encargó, además, de redactar la necrológica académica por la muerte, el 29 de junio de 1725, de Juan Manuel Fernández Pacheco, el fundador y primer director de la institución.

Once años más tarde, en 1736, se instauró en la corporación, como recuerda Zamora Vicente, la «tradición piadosa de las cincuenta misas por el académico fallecido», costumbre que comenzó tras la muerte de Francisco Pizarro y a propuesta de Casani, quien falleció, tras treinta siete años como académico, el 12 de noviembre de 1750.

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