Cuestiones generales

1.5 Unidades morfológicas (I). Morfología flexiva y morfología léxica

1.5a Como se explicó en el § 1.1a, la morfología es la parte de la gramática que estudia la estructura interna de las palabras, las variantes que estas presentan, los segmentos que las componen y la forma en que se combinan. Estudia también el papel gramatical que desempeña cada segmento en relación con los demás elementos de la palabra en la que se insertan. La unidad mínima de la morfología es el morfema, concepto que ha recibido varias interpretaciones, como se explica en el § 1.5d.

1.5b Suele dividirse la morfología en dos grandes ramas: la morfología flexiva y la morfología léxica o derivativa. La primera estudia las variaciones de las palabras que implican cambios de contenido de naturaleza gramatical que tienen consecuencias en las relaciones sintácticas, como en la concordancia (Ellos trabajan) o en la rección (para ti). Los morfemas de contenido gramatical que dan lugar al conjunto de variantes de una palabra se denominan morfemas flexivos. El conjunto de estas variantes constituye la flexión de la palabra o el paradigma flexivo que le corresponde. Las alternancias basadas en la flexión pueden afectar el género (alto/alta; este/esta/esto; profesor/profesora), el número (mesa/mesas; canto ~ cantamos), la persona ( ~ ti; canto ~ cantas), el tiempo (canto ~ cantaré), el aspecto (canté ~ cantaba), el modo (canto ~ cante) y —más raramente en español— el caso (yo ~ ~ me). Las variantes flexionadas de las palabras (casas, cantábamos, muchos, estas) no aparecen en los diccionarios, pero las alternancias de género (muchacho/muchacha) suelen formar parte, cuando existen, de la entrada léxica de los sustantivos y los adjetivos. Se dedican a la morfología flexiva los capítulos 2, 3 y 4 de esta gramática.

1.5c La morfología léxica se denomina a menudo formación de palabras en la tradición gramatical hispánica. Estudia esta parte de la gramática la estructura de las palabras y las pautas que permiten construirlas o derivarlas de otras, como en dormitorio a partir de dormir, sensatez a partir de sensato o robustecer a partir de robusto. Mientras que las voces flexionadas (leo, leyendo, leeré) constituyen variantes de una misma unidad léxica (leer), las palabras derivadas (lector, lectura) no son variantes de las formas de las que proceden (leer), sino voces diferentes, aunque relacionadas con ellas en la historia de la lengua, en la conciencia lingüística de los hablantes o en ambas a la vez. La morfología léxica se ha denominado también morfología derivativa. Este término solo es apropiado si se usa en sentido amplio el concepto de derivación, ya que hacerlo en el estricto excluye el de composición5.1a). La morfología apreciativa (capítulo 9) constituye una parte de la morfología léxica, si bien posee ciertas propiedades en común con la flexiva. Se analizan estos vínculos en el § 9.1e.

1.5d La noción de ‘morfema’ suele usarse en varios sentidos, pero sobre todo en tres. En el primero de ellos equivale a segmento morfológico. Desde este punto de vista (que se adoptará aquí), -s es un morfema en casa-s, y -se- lo es en cant-a-se-s (los demás morfemas aislados en esta última palabra se explicarán más adelante). En segundo lugar, algunos gramáticos emplean también el término morfema para abarcar las unidades sintácticas que poseen significado gramatical, como los artículos, algunos pronombres y la mayor parte de las preposiciones. Se ha aducido como principal ventaja de esta opción el hecho de que permite extender el concepto morfema a las voces que no siempre se integran de forma gráfica en otras, aunque se incorporen prosódicamente a ellas. No resultaría coherente, por ejemplo, caracterizar la forma se como morfema en selo, pero no hacerlo en Se lo dio. Esta segunda interpretación de morfema presenta, sin embargo, el inconveniente de que viene a considerar los artículos, las preposiciones o los relativos átonos como unidades morfológicas, por tanto como parte de la morfología. En el tercer sentido, que adoptan otros gramáticos, el sustantivo morfema designa una información morfológica que puede presentar variantes (llamadas a veces morfos). Así, el morfema de plural —es decir, ese contenido gramatical— se realiza unas veces como -s (casa-s), otras como -es (árbol-es) y otras como elemento nulo (crisis-Ø). Como se ha explicado, se usará aquí el término morfema en el primero de los sentidos descritos.

1.5e Tanto en la morfología flexiva como en la léxica se distinguen la raíz (es decir, el segmento de la palabra que aporta el significado léxico) y los afijos, que agregan a esta informaciones de diverso tipo. Aunque el término sufijo equivale al de afijo pospuesto (en el sentido de ‘situado en posición final de palabra’), es más habitual usarlo en la morfología derivativa que en la flexiva, de forma que los afijos flexivos del verbo, siempre pospuestos a la raíz, suelen recibir el nombre de desinencias. las desinencias verbales son de dos tipos: unas aportan informaciones a las que corresponde o puede corresponder algún contenido (tiempo, aspecto, número, persona, modo); otras son segmentos que permiten establecer clases morfológicas, pero no poseen relación directa con el significado. Así, la vocal temática constituye un segmento flexivo sin repercusión semántica. Distingue las tres conjugaciones (cantar, temer, partir), aunque unifica ciertas formas verbales de la segunda y de la tercera (cantado, temido, partido) y puede experimentar cambios en la conjugación o no estar presente en todas las formas verbales. El segmento que forman la raíz junto con la vocal temática se denomina tema.

1.5f La vocal temática se caracteriza por manifestarse en la morfología flexiva y también en la léxica. Así, las tres vocales temáticas subrayadas en los derivados salpicadura, torcedura y añadidura reproducen las que caracterizan los respectivos infinitivos (salpicar, torcer, añadir). Estos derivados se forman, pues, sobre los llamados temas de infinitivo o de presente. No todos los derivados verbales comparten esta propiedad. Así, el contraste entre anulación (< anular, 1.ª conjugación), perdición (< perder, 2.ª conjugación) e intuición (< intuir, 3.ª conjugación) muestra que las vocales temáticas son idénticas en el segundo caso y en el tercero. Lo mismo sucede en revisable, temible, traducible y otros muchos derivados que eligen temas de participio (también de pretérito o de perfecto), en lugar de temas de infinitivo, como bases del proceso derivativo. Se dedica a la vocal temática el § 4.3.

1.5g Ha sido tradicionalmente polémica, y sigue siéndolo, la medida en que la morfología flexiva ha de admitir segmentos nulos (Ø), como en el ejemplo citado crisis-Ø (donde Ø representa la variante nula del plural). La polémica es mayor aún en la flexión verbal que en la nominal. Así, -a- es la vocal temática de la primera conjugación, presente en cantas, canta, cantamos, etc., pero ausente en canto. Siguiendo la tendencia que parece hoy mayoritaria entre los especialistas, se aceptará que el segmento morfológico que corresponde a esta vocal es nulo en dicha forma verbal (§ 4.2b). Ha de tenerse en cuenta que en la segmentación de los verbos flexionados se suelen suponer cuatro componentes: raíz, vocal temática (VT), tiempo, aspecto y modo (TM) y, en último lugar, persona y número (PN). Se aíslan los cuatro segmentos mencionados en cantRAÍZVT-baTM-mosPN. Las numerosas irregularidades que se producen al intentar llenar estas cuatro casillas han dado lugar a varias segmentaciones alternativas que se comparan en el § 4.2. Las opciones segmentales que se eligen en esta obra se presentan en el § 4.2g. Los segmentos nulos son más raros en la morfología léxica, pero se suelen reconocer en algunos casos, por ejemplo en los sustantivos derivados de ciertos verbos, como en deslizar > desliz-Ø; disfrazar > disfraz-Ø; perdonar > perdón-Ø y en otros similares que se mencionan en los § 5.7e-g.

1.5h La morfología léxica se divide de manera general en dos subdisciplinas: la derivación y la composición. En ambos casos se denomina base léxica la voz a la que se aplica algún proceso morfológico. En la composición se unen dos bases léxicas (ceja y junto en cejijunto); en la derivación se une una base léxica y un afijo (Cervantes e -ino en cervantino; in- y útil en inútil). Entendida así, la derivación abarca tres procesos: sufijación, prefijación y parasíntesis. Se denomina sufijación al procedimiento mediante el cual se adjunta un sufijo a una base léxica. La raíz es un segmento morfológico de naturaleza léxica, sea de la palabra compuesta (cej-, no ceja) o de la derivada (cervant-, no Cervantes; útil). Se retomará la diferencia entre base y raíz en el apartado siguiente. Los morfemas antepuestos a la base léxica se denominan prefijos (im-posible, re-educar) y el proceso por el cual se añade un prefijo a una base se llama prefijación. El lugar de la prefijación dentro de la formación de palabras ha oscilado tradicionalmente. Mientras que en los estudios clásicos era más común ubicarla en la composición, en la actualidad se la sitúa de forma mayoritaria en la derivación. Se analiza de manera sucinta esta cuestión polémica en el § 10.1b. La parasíntesis (§ 1.5o) se solía considerar una combinación de composición y derivación, lo que hoy se considera cierto solo en alguna medida. Existe un segundo sentido del término ‘derivación’ que abarca también la composición. En esta interpretación, más amplia, ‘derivación’ se opone a ‘flexión’.

1.5i La base mar- en la palabra marino es una forma ligada, puesto que está incorporada a la palabra en la que aparece. Coincide, a su vez, con una forma libre, ya que mar es también una palabra española. Así pues, mar proporciona, en el caso de marino, tanto la raíz como la base léxica. No sucede así en granadino. La raíz de esta palabra es granad-, mientras que la base léxica es Granada, que puede designar una ciudad, una provincia o un país. Como se ve, la raíz es un segmento morfológico, mientras que la base es la voz de la que se parte en un proceso morfológico. En este caso, la base proporciona la raíz anulando o cancelando la vocal átona final, proceso morfofonológico general en español: aren(a) + -oso > arenoso. Las palabras que terminan en vocal átona forman los derivados eliminando esta vocal final, también llamada marca segmental o marca de palabra. Por ejemplo, a partir de cas- se obtienen casita y casero, y de libr-, librería y librero. En cambio, la vocal tónica se suele mantener en la formación de derivados. De este modo, dadaísmo se obtiene a partir de dadá y cafeína de café, en lugar de originarse a partir de las formas dad- y caf-. La separación entre raíz y base puede ser mayor en otros casos, que se estudiarán oportunamente. A ello se añade que la derivación puede interpretarse como proceso sincrónico o como proceso histórico. Esta decisión metodológica altera de modo considerable la interpretación que se dé al concepto mismo de ‘base’, como se explicará en los § 1.6e, f.

1.5j Se recordó en el § 1.5b que se llama paradigma flexivo a la serie que puede obtenerse con las variantes flexivas de una palabra (alto, alta, altos, altas). Se denomina paradigma derivativo al que se obtiene con las voces derivadas de ella (altura, alteza, altivo, altivez, altamente, altitud y la antigua altor, así como el verbo enaltecer, entre otras voces). El paradigma derivativo se conoce también de manera general con el término familia de palabras, que suele incorporar las palabras compuestas (altiplano, altibajo, altímetro). Se denomina paradigma semántico al que se obtiene con palabras que pertenecen a su misma clase significativa (alto, bajo, ancho, estrecho, profundo). Como se ve, dentro de un paradigma se observan contrastes u oposiciones entre las distintas formas de una palabra. En algunas de estas oposiciones es frecuente diferenciar entre el término marcado y el término no marcado. El término no marcado de una oposición es aquel que tiene una distribución más amplia, un significado más general y a menudo también el que se obtiene por defecto en ausencia de morfemas específicos. Así, en la oposición entre el masculino y el femenino dentro del paradigma de ciertos sustantivos (§ 2.2), se suele señalar que la forma masculina es no marcada, ya que se emplea en los contextos genéricos e incluye en su significado la designación de seres de ambos sexos, como en El oso polar es blanco. Asimismo, la forma femenina de ciertos sustantivos y adjetivos se crea agregando un morfema de género a la masculina, como en profesor > profesora o en francés > francesa.

1.5k Se llama derivación nominal la que permite derivar sustantivos de otras categorías, en gran medida de verbos (traducir > traducción), adjetivos (ancho > anchura) o de otros sustantivos (naranja > naranjal). Se denomina derivación adjetival la que permite obtener adjetivos de otras bases, en la mayor parte de casos sustantivas (arena > arenoso) y verbales (deprimir > deprimente). La derivación verbal es la que permite formar verbos de otras categorías, muchas veces de sustantivos (batalla > batallar) y adjetivos (claro > clarificar). Es más debatida la existencia de procesos de derivación adverbial (rápido > rápidamente), ya que —como se señala en el § 7.14— los adverbios en -mente tienen muchos puntos en común con las palabras compuestas. De hecho, algunos autores entienden que la formación de estas voces no constituye un proceso derivativo, sino compositivo (composición adverbial, por tanto).

1.5l Los procesos de formación de palabras exigen ciertos requisitos categoriales que se irán analizando al estudiar cada grupo de morfemas. Así, el sufijo -izar se combina con sustantivos (canal-izar) y con adjetivos (verbal-izar); el sufijo -eza suele formar sustantivos a partir de adjetivos (trist-eza), mientras que -oso lleva a cabo el proceso contrario (lluvi-oso). Las palabras compuestas se forman a partir de dos palabras simples (claraboya, lavaplatos), pero también a partir de dos bases radicales (también llamadas elementos compositivos, bases compositivas cultas o temas neoclásicos, entre otras denominaciones), como en filo-logía. Unos pocos compuestos se constituyen mediante la combinación de varias palabras que forman alguna unidad en la que se reconoce cierta pauta sintáctica, como en correveidile, sabelotodo, tentempié.

1.5m La segmentación morfológica en las palabras derivadas tiende a ser binaria. Así, en lugar de identificar cuatro componentes paralelos en nacionalización (nacion-al-iza-ción), se reconocen solo dos (nacionaliza-ción). La segmentación correcta es, por consiguiente, [[[[[nacion]-al]-iz]-a]-ción] (donde se aísla también la vocal temática), que corresponde a la serie nación > nacional > nacionalizar > nacionalización. Más polémica es la cuestión de si debe reconocerse o no la base verbal nacer en el sustantivo nación desde el punto de vista sincrónico. No hay duda de que la respuesta es afirmativa para la morfología histórica, como se explicará en los apartados siguientes. Esta sucesión de capas o estratos constituye, como se ve, una jerarquía de segmentos casi siempre binarios (pero véase el apartado siguiente para algunas excepciones posibles) que se reconocen en los procesos derivativos. No existe acuerdo, en cambio, entre los morfólogos acerca de si los afijos flexivos se organizan o no en capas similares a las que suelen aceptarse para los derivativos.

1.5n Se da una relación estrecha entre la segmentación morfológica de las palabras derivadas y su significado. Así, el sustantivo descentralización se segmenta en la forma descentraliza-ción, que se interpreta como ‘acción de descentralizar’. La base es verbal y el resultado es nominal. La base verbal mencionada se segmenta a su vez en la forma des-centraliza-, que proporciona el significado ‘realizar la acción contraria a la de centralizar’. Su base es, por tanto, verbal (centralizar) y el resultado es también verbal. La última base obtenida (centraliza-) se segmenta en la forma central-iza-, que proporciona la interpretación ‘hacer que algo pase a ser central’. Su base es adjetival (central) y el resultado es verbal. El adjetivo central se deriva a su vez de un sustantivo (centr-al) y significa aproximadamente ‘relativo al centro’. Se obtiene, por consiguiente, a partir de una base nominal. En otros muchos casos se obtienen segmentaciones progresivas que muestran cómo cada unidad morfológica se corresponde con determinado significado. Existen, no obstante, múltiples asimetrías en la relación morfológica entre forma y sentido. Se considerarán algunas en el § 10.3m y en los apartados a los que se remite desde ese lugar.

1.5ñ Existen en español escasos ejemplos de doble segmentación. Si el adjetivo inmovilizable (que no suele aparecer en los diccionarios por las razones que se mencionaron en los § 1.6a, b) se segmenta en la forma in-movilizable, proporcionará la interpretación ‘que no puede ser movilizado’, pero si se segmenta en la forma inmoviliza-ble, proporcionará la lectura ‘que puede ser inmovilizado’. La primera, más natural para muchos hablantes, se aplicaría a algún objeto que no es posible movilizar; la segunda —marcadamente distinta—, a alguna cosa en movimiento que es posible dejar inmóvil. La doble posibilidad de segmentación que aquí se muestra proporciona, como se ve, dos interpretaciones semánticas. Exige, además, bases adjetivales que admitan verbos derivados en -izar (movil-izar, sensibil-izar), pero requiere también que acepten el prefijo in- (inmóvil, insensible). Los adjetivos en -ble que no se ajustan a esas condiciones morfológicas (indestructible, incalculable) no producen la ambigüedad que se percibe en los adjetivos anteriores. Como se hizo notar arriba, la doble segmentación es excepcional en la morfología del español. Véase también, en relación con este punto, el § 7.10.

1.5o Se ha utilizado con frecuencia el término parasíntesis para designar el procedimiento de formación de palabras que participa simultáneamente de la derivación y la composición. Son, pues, formaciones parasintéticas centrocampista, cuentacorrentista o quinceañero. La estructura morfológica de estas palabras se analiza en los § 11.3d y ss. Como la prefijación se asimiló en la gramática tradicional a la composición, en lugar de a la derivación (tal como se ha recordado), se trasladó el término parasíntesis para denominar el proceso de formación de verbos, como abotonar (< botón) o engrandecer (< grande), y en menor medida de adjetivos, como amulatado (< mulato) o apepinado (< pepino). Es polémica la segmentación que corresponde a estas formaciones. Mientras que algunos morfólogos defienden que abotonar se segmenta en la forma [a-[boton-ar]], a pesar de la inexistencia de *botonar, y que corresponde a engrandecer una segmentación paralela, otros autores optan —como se hará aquí— por analizar a-…-ar y en-…-ecer como afijos discontinuos (similares en cierta medida a los circunfijos de otras lenguas, como ge-…-t para formar los participios del alemán). Se trata, pues, de esquemas construidos por prefijo y sufijo entre los que se puede situar un adjetivo (abaratar, aclarar, atontar; embrutecer, entontecer, entristecer) o un sustantivo (abotonar, amontonar, apoltronar). Estos derivados se analizan, junto a otros muchos similares, en el capítulo 8.

1.5p Junto a los prefijos (afijos que preceden a la raíz) y los sufijos (afijos que la siguen) se han acuñado varios términos para designar los afijos mediales, que se agregan a la raíz o bien la separan del sufijo. Los dos términos que suelen usarse son infijo e interfijo. Los contenidos que recubren son diferentes en función de escuelas o teorías gramaticales. Unos autores utilizan el término infijo para los segmentos flexivos que se agregan de modo regular a la raíz (pon-g-o, no *pon-o) y reservan el término interfijo para los morfemas derivativos sin significado que se intercalan entre la raíz y otro sufijo (polv-ar-eda, no *polveda, frente a rosal-eda). Otros entienden que los interfijos son morfemas que se insertan en la palabra y aportan siempre algún significado, lo que reduce el paradigma a unos pocos morfemas apreciativos (Carl-it-os, arrib-ot-a), como se explica en el § 9.4h. Reservan, pues, el término infijo para los segmentos que se requieren por razones morfofonológicas, pero no tienen repercusión alguna en el sentido. Algunos filólogos hispanistas, finalmente, optan por usar como equivalentes ambos términos en español, a pesar de que otras lenguas posean sistemas flexivos y derivativos en los que ambas unidades manifiestan propiedades morfológicas diferentes. Con el fin de simplificar la descripción, en esta obra se usará solo el término interfijo para designar los segmentos mediales a los que se ha hecho referencia, sean estos flexivos o derivativos.

1.5q Frente a lo que sucede con los afijos flexivos, los derivativos se asocian con numerosos significados, y que no siempre son aislables o deslindables con facilidad. Se trata de nociones como ‘agente’ (oxid-ante), ‘instrumento’ (destornilla-dor), ‘cualidad, calidad o condición’ (tranquil-idad), ‘lugar’ (lava-dero), ‘acción’ (negocia-ción), ‘tiempo’ (lact-ancia), ‘conjunto’ (chiquill-ería), ‘golpe’ (maz-azo) y otros muchos que se analizan en los capítulos 5 y 6. Sin embargo, como se recordó en el § 1.3d, no todos los morfemas que pertenecen a un paradigma derivativo aportan algún significado reconocible: re- en recoger (recoger algo del suelo); -lento en suculento; -idad en especialidad (como en la especialidad de este restaurante); -mento en campamento o departamento, o a-…-ar en acurrucar. Como se acaba de señalar, los interfijos pueden, igualmente, no asociarse con una determinada noción semántica (-ar- en viv-ar-acho). Estas son algunas de las irregularidades características de la morfología léxica, cuyo origen está en las varias formas en que las palabras ingresan en la lengua, así como en el diverso grado de conciencia que los hablantes tienen o pueden tener de su estructura interna. Se retomarán ambas cuestiones en el § 1.6i.

1.5r Las bases léxicas que participan en los procesos derivativos no conservan en ellos todos los sentidos que los diccionarios les reconocen, sino que a menudo están sujetas a cierta especialización semántica. Así, aclarar y clarificar se derivan del adjetivo claro. Comparten ciertos contextos sintácticos (una idea, una propuesta, la situación, etc.), pero el primero abarca más sentidos que el segundo (la ropa, la colada, etc.), lo que se puede relacionar con las diversas acepciones del adjetivo claro. Se aplican consideraciones similares a los pares: altura ~ altitud; apertura ~ abertura; bautismo ~ bautizo; dedicación ~ dedicatoria; endulzar ~ dulcificar; fortalecer ~ fortificar; llanura ~ llaneza y otros muchos análogos que se analizan en los capítulos 5, 6 y 8. En las locuciones son relativamente frecuentes las voces compuestas o derivadas que no se usan en otros contextos. Se trata de sustantivos como rajatabla (en a rajatabla), machamartillo (en a machamartillo), metedura (en metedura de pata; a veces en alternancia con metida de pata), tomadura (en tomadura de pelo; se prefiere tomada de pelo en algunos países), improviso (en de improviso), vuelapluma (en a vuelapluma), entre otros muchos semejantes.

1.5s Las informaciones flexivas y las derivativas muestran, como se ha señalado, propiedades morfológicas distintas. Las flexivas no alteran la clase de palabras a que pertenece la base, ya que —tal como se explicó— proporcionan las variantes que esta presenta por razones sintácticas, muy a menudo por exigencias de la concordancia. Resulta, pues, esperable que los afijos flexivos manifiesten esas relaciones, como en una casa [femenino] pequeña [femenino]. Los afijos derivativos, en cambio, no están sometidos a tales exigencias, de modo que se acepta cualquiera de las opciones que se muestran en una {casa ~ casita} {pequeñita ~ pequeña}. Las informaciones derivativas alteran muy frecuentemente la clase de palabras a la que pertenece la base, pero la conservan casi todos los prefijos (escribir > reescribir), los sufijos apreciativos (casa > casita) y otros sufijos derivativos (maíz > maizal).

1.5t Dado que en los procesos de derivación se forman unidades léxicas distintas de las que aporta la base (y no variantes suyas, como sucede en la flexión), es natural que los afijos derivativos (-idad) precedan a los flexivos (-es), como en [[[oportun]-idad]-es]. De manera análoga, en normalizamos se flexiona el verbo normalizar, derivado del adjetivo normal. Algunos sufijos apreciativos siguen excepcionalmente a ciertos afijos flexivos en el análisis sincrónico (como en calland-ito o en bailar-ín). En cantar-es se interpreta como sustantivo el infinitivo cantar, por lo que su terminación no se reconoce como unidad flexiva verbal. El uso sustantivo de los infinitivos (su parecer, tu reír) se estudia en los § 26.2g y 26.3. Las variantes del plural que muestran algunos compuestos (como en aviones espía ~ aviones espías) ponen de manifiesto que la flexión de número puede reconocer más de un segmento morfológico como unidad léxica. Este tipo de variación se estudia en los § 3.5q y 11.2g.

 

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española:
Nueva gramática de la lengua española [en línea], https://www.rae.es/gramática/cuestiones-generales/unidades-morfológicas-i-morfología-flexiva-y-morfología-léxica. [Consulta: 29/05/2024].

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